No tenía forma de saber si en realidad esas palabras eran ciertas, pero si lo eran, suponía que ella iba a estar metida en problemas.
Me parece que ser modelo es un buen sueño, solo que se está enfocando de la manera equivocada.. aunque bueno, realmente no la iba a juzgar. Puede que ahora quiera acercarme a ella, pero justamente recién nos estábamos conociendo, ahora no podía simplemente juzgarla como antes.
—Recostate aquí, eu. —Le dije a Olivia al ver que había recostado su cabeza en la ventana y si estaba golpeando.
Ella se quejó cuando la moví y puse su cabeza en mis piernas.
—Olés rico. —Dijo con sus ojos cerrados.
Sonreí con ternura. Si estuviera despierta probablemente me habría hecho el egocéntrico, pero ahora mismo ella estaba dormida, y me daba ternura porque si lo decía ahora, significaba que realmente lo pensaba así.
—Vos también. —Dije.
Ella sonrió sin moverse de ahí un poco.
Se sentía agradable tenerla ahí.
—Llegamos. —Dijo el taxista frenando.
Asentí con la cabeza y volví a a levantar a Olivia para sacar la plata del bolsillo de mi pantalón.
—Gracias. —Dije antes de salir.
Rodeé el auto y abrí la puerta para ayudar a Olivia a salir.
Fruncí el ceño al no verla y cerré la puerta antes de asomarme para darme cuenta entonces que ya había salido por la otra puerta.
—Ey, dejá que te ayude. —Dije al verla del otro lado, parada pero casi perdiendo el equilibrio.
—Me gusta mucho este parque. —Dijo ella con una sonrisa.
Le pedí al taxista que nos dejara aquí porque desde este lugar podía llevarla a su casa. Ella podía guiarme a mi, y además, sabía llegar hasta cierta parte. Por alguna razón nunca me deja llegar hasta su casa.
—Ah, ¿en serio? ¿estás bien? —Pregunté mirando que se veía incómoda.
—Me duelen los pies. —Dijo y vi sus ojos ponerse húmedos.
Miré sus tacones y resoplé asintiendo, era obvio.
—Sacátelos, no estamos muy lejos de tu casa. —Le indiqué.
—Claro que sí. —Dijo ella y soltó un par de lágrimas que limpié en seguida.
—No llorés por eso. —Dije. —Vamos, son un par de cuadras.
—Cambiemos de zapatos. —Dijo ella.
Reí al imaginarme con los tacones de ella.
—No podría andar en eso. —Dije y ella alzó lo hombros.
—Mis pies son más importantes. —Dijo y yo rodé los ojos.
Ni ebria dejaba de ser tan egocéntrica.
—¿Te llevo en mi espalda? —Pregunté.
Ella asintió con la cabeza y una sonrisa se formó en su rostro.
Me incliné y le saqué los zapatos, dejándola descalza. Le pasé los zapatos y luego me puse de espalda y cuclillas, para que pudiera subir.
Ella se subió y solté un quejido al sentir que golpeaba mi cara un poco on los tacones.
Agarré sus muslos para acomodarla bien y que pudiera estar segura.
—Gracias. —Dijo apoyando su mejilla en mi hombro.
Giré un poco mi rostro y vi sus ojos cerrados.
Suspiré comenzando a caminar. Si no fuera porque entrenaba y tenía un buen físico, seguro ya la habría tirado. Aunque bueno, Olivia en realidad pesaba como una pluma.
—Llévame de nuevo al parque. —Dijo con una voz adormilada. —Mamá no me lleva nunca.
—¿Te gusta mucho? —Preguntó.
—Vos no me gustas, yo te gusto. —Dijo y yo reí.
Se iba a arrepentir mañana. Aunque lo dudo, quizá sería lo que la Olivia sobria me habría dicho también.
Subí por las calles vacías, pero por suerte iluminadas por las farolas.
El lugar empezaba a verse un poco más elegante, claro, sabía bien que el padrastro de Olivia era un hombre adinerado, y bueno, por ende ahora también su madre y ella.
—Oli. —Dije cuando llegamos al lugar en donde siempre me hacía quedar.
—¿Hm?
—¿Por donde es tu casa? —Pregunté.
Sentí que levantó su cabeza de mi hombro.
—Por aquí. —Señaló a la izquierda.
Asentí con la cabeza y caminé por donde ella dijo, esperando que si fuera cierto que su casa quedara por ese camino.
—Aquí. —Dijo.
No habríamos pasado más de una cuadra.
Miré donde señalaba y alcé mis cejas al ver que su casa era más bonita y grande de lo que creía.
—¿Segura que es aquí? —Pregunté.
Ella asintió con una sonrisa antes de bajarse de mi espalda.
Sacó una llave de su bolsillo y yo la tomé. Si ella trataba de abrir iba a despertar a su familia y se iba a comer una cagada terrible.
—Vení te ayudo. Acordate de hacer silencio. —Le dije y ella rió haciendo una seña de silencio.
Negué con la cabeza antes de tratar de abrir la puerta y por suerte lo logré con facilidad. Me di la vuelta y miré a Olivia.
—Ya está, andá a descan..
Me vi callado por sus labios sobre los míos.
Y bueno, las amo, buenas noches<3.
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