189 | FINAL

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—Vamos al parque, dale. —Dijo Nacho.

Ayer había quedado para que saliéramos él y yo, pero hace media hora venía insistiendo con que saliéramos ya, solo que yo tenía alta paja de ir.

—Olivia. —Bufó frustrado. —Dale, hermana. Luego te quejás de que Mateo mantiene detrás de vos mirando que hacés y que no. Aprovechá que no está y nos vamos.

—Uy, bueno sí. —Asentí de acuerdo.

No es que lo veía a Mateo como el malito, él es un amor, solo que a veces exagera con su protección.

Y así no se puede.

—Esperá alisto a Liz para que vayamos. —Dije levantándome del sofá.

—No, no es una salida apta para menores. —Dijo riéndose, a lo que yo alcé una ceja.

—¿Adónde vamos, a un motel? Si el parque es más para los nenes que para nosotros. —Dije obvia.

—A veces el parque se puede convertir en un motel, viste. —Siguió riéndose.

—¿Dónde está Santi? —Pregunté a propósito.

—Lo dejé con Pedro porque no es una salida para nenes. —Dijo y yo rodé los ojos antes de asentir.

Me despedí en mi casa para salir con Ignacio, quién me dejaba apoyarme en su hombro de vez en cuando porque me cansaba.

—Parezco una viejita. —Me reí.

—Mal, ese cuerpo de Kardashian tiene el sistema de Isabel II. —Dijo haciendo que largue una carcajada.

—Que boludo. Igual ni estoy en forma ya. —Dije y él alzó los hombros.

—Es temporal y entendible, o sea, estás embarazada, no esperés tener una chocolatina ahí encima de tu panza que obviamente va a estar gigante porque un simio se está criando dentro tuyo. —Dijo robándome otra carcajada.

Lo amaba.

Así, entre charlas y chistes por parte de Ignacio terminamos llegando al parque que tanto amaba yo.

—¿Qué le pasó? —Pregunté viendo que estaba vacío.

—¿De qué? —Cuestionó.

—No hay gente, hoy es sábado.. —Fruncí el ceño.

—Olivia, el parque es re viejo. ¿Qué esperabas? Solo a vos te encanta este lugar. —Dijo con un tono bastante obvio.

Suspiré y alcé los hombros.

—Vamos a la rueda de la fortuna. —Dije y él asintió.

Caminamos hasta la atracción y sonreí al reconocer al hombre del parque, seguía trabajando ahí.

—Subite vos. —Dijo Ignacio y yo fruncí el ceño.

—Dale, cagón. —Le dije y él rió.

—Dale, subite y luego yo me subo con vos a la que querás. —Dijo.

Achiné los ojos. Lo iba a hacer subir a la rusa por forro.

—Está bien. —Dije antes de ingresar al cubículo.

No me parecía divertido subir sola pero bueno, tampoco desaprovechaba la venida.

Me puse el cinturón prácticamente innecesario, aunque casi que no entró, estaba bastante desgastado todo.

—Oli.

Levanté la cabeza mientras sentía como el juego arrancaba.

Fruncí el ceño al ver a Mateo ahí.

Mess; TRUENO [✓]Historias para obsesionarse. Descúbrelo ahora