Eran las 3:37 de la madrugada, una semana después de aquella confesión, cuando Naegi despertó, bastante agitado debido a su sueño. Lo primero que notó fue qué su captora no estaba a su lado. Algo desconcertado, se levantó de la cama para ir a la cocina, al entreabrir la puerta, escucho voces en la sala de estar.
-¿Como qué desaparecieron?- El castaño inmediatamente identificó la voz de Junko. Se quedó quieto, por un lado, sentía que estaba mal escuchar sobre esa conversación, pero por el otro, se preguntaba sobre esas personas. Al final, decidió oír el resto.
-Si ya sabés donde esta, mandala a dormir.- No tenía que ser muy inteligente para entender que implicaba con esa frase, ni tampoco que era un buen momento para taparse la boca y callar el suspiro de sorpresa.- Respecto a esos dos, diles a los otros que no los mencionen cuando vengan, el no es lo bastante idiota para quedarse luego de enterarse. Yo voy a irme, hablamos en unos días, si es que no provocan otra llamada de emergencía.
El suertudo permaneció en silencio por los segundos en los cuales la mente maestra volvía al cuarto, para no levantar sospechas, salió del cuarto.
-¿Makoto? ¿Cuanto tiempo llevas despierto?
-Apenas me desperté, tuve un sueño extraño. Iba a beber algo.
-Muy bien.- La contraria entró al cuarto, mientras su rehén se alejaba. Una vez en la cocina, se permitió entrar en panicó.
¿Que tal si esa persona a la que intentaba matar era su hermana o su madre? Ella había prometido no hacerles daño, ¿que motivos tendría para mentirle, cuando podría simplemente torturarlo hasta que muera?
Luego de un rato pensando, llego a la conclusión de que era mejor escapar de ahí lo antes posible. Lo que necesitaba ahora era planear su salida.
Dos semanas después, el había anotado en un papel los días que ella estaba despierta en la madrugada. Se aseguro de fingir que estaba gravemente enfermo para poder dormir solo, aprovechando para huír.
Haciendo el menor ruido posible, se levantó de la cama y buscó las llaves. Las tomó del escritorio de la esquina del cuarto. Fue hacía la cocina, para buscar una botella que había guardado. Una vez agarro todo, con cuidado se dirigió a la puerta.
Apenas la abrió, comenzó a correr por ese bosque. No había tiempo que perder, en cualquier momento ella podía despertar, y el no quería saber que clase de castigo lo esperaría.
Al llegar al puente, sintió un vacío interno al verlo destruído. Se arrodilló mientras observaba la escena. Sus esfuerzos habían sido en vano. Y ahora había provocado algo peor.
Sin sabér que hacer, permaneció en su sitio, sabiendo que ella lo descubría en algún punto.
Y así fue, luego de un rato, volteó a ver de donde venían esos pasos. Cuando estaba lo bastante cerca de él, le ofreció su mano.
-No creas que te vas a quedar ahí, vamonos.- El hizo caso a su orden, y la siguió con la cabeza gacha.
Al llegar, ella lo tomó de sus muñecas, y con una sonrisa, se acercó un poco más a el.
-Escuchame, si vuelves a intentar irte de aquí, no vas a vivir para contarlo. Ni tú, ni tu hermana, por tus padres no te preocupes, ellos ya están en un lugar mejor.
El suertudo sudó frío ante su amenaza y revelación, quería decir algo, pero estaba paralizado, no podía reaccionar. Su captora lo llevó al cuarto, y lo retuvo contra ella. Al día siguiente se encargaría de el.
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Violentometro (Naejunko)
RandomACLARACIÓN: Si estás aquí para consumir esta historia como contenido erótico, le pediré por favor que se retire. Está historia no tiene esas intenciones, y el que alguien busque consumirla por esos propósitos va contra los mensajes que quiero promov...
