-Naegi, ¿que te pasó en el ojo?- Aquella pregunta de parte de Nagisa había alarmado al castaño momentáneamente, no sabia como excusarse, o si le convenía hacerlo.
-Se tropezó, no te preocupes, esta bien.- La mente maestra no había tardado en actuar, tomando a su rehén del hombro. Algo preocupado, el joven se sentó en aquel sillón, para resumir las novedades de aquellos días.
Luego de que se fueran, Junko sostuvo al suertudo por el cuello de su camisa, para después tirarlo al suelo.
-¡¿Tenias que atraer su atención?!- Pateó al contrario en el estomago. Antes de poder cubrirse, volvió a ser levantado, y esta vez, empujado contra la pared.- ¡¿Acaso creías que iban a salvarte?! ¡¿Acaso crees que les importas!?
Inmediatamente, lo abofeteó, dejando la marca de su mano en la cara de Makoto, quién solo pudo emitir un quejido de dolor. Enoshima continuó golpeándolo en cada parte de su cuerpo, con tanta fuerza como le era posible, sin que el pudiera hacer nada.
Luego de un rato, su captora lo dejó en paz, simplemente abandonándolo ahí. El ojiverde consiguió levantarse y recostarse en aquel sillón, al borde del llanto.
Tenia un labio partido, su nariz sangraba y se sentía incapaz de mover su brazo derecho.
No había comido en todo el día, y no le quedaban fuerzas para levantarse. Lo único que podía hacer era cerrar los ojos e intentar dormir, esperando que al día siguiente no hubiera otra pelea.
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Violentometro (Naejunko)
DiversosACLARACIÓN: Si estás aquí para consumir esta historia como contenido erótico, le pediré por favor que se retire. Está historia no tiene esas intenciones, y el que alguien busque consumirla por esos propósitos va contra los mensajes que quiero promov...
