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En una noche de luna llena, una silueta se movía entre los árboles.
Un hombre de pelo blanco y ojos rojos caminaba por un bosque, el hombre tenía una expresión que carecía de la más mínima emoción.
Sus ojos escarlatas podían confundirse fácilmente con ojos rojo vino, debido a la notable carencia de brillo en sus orbes.
El peliblanco tenía un envoltorio de vendas desordenadas tapando un muñón que debería ser su brazo izquierdo.
Llevaba puestos unos pantalones marrones en mal estado y una camiseta negra de cuello alto debajo de una chaqueta marrón con un parche negro en el lateral, además de unas botas altas marrones.
Lo más destacable de su atuendo era, muy posiblemente, el cinturón que sujetaba una funda negra con una espada de doble filo y un mango azabache en su interior.
A pesar de llevar ropas muy poco reveladoras, los músculos del manco se podían notar fácilmente debajo de las mismas.
El ojirrojo parecía tener alrededor de 30 o 40 años, pero si había algo que más atención atrajera no era él, sino más bien el niño que estaba llevando con su único brazo y otro niño que tenía colgado mediante unas vendas enrolladas alrededor de su torso.
El niño que llevaba en brazos estaba envuelto en una manta de color azul claro, tenía una tez muy pálida hasta el punto de considerarse enfermiza, unos ojos blancos como la nieve, que miraban al hombre con dos pupilas rasgadas a modo de reptil, aunque cuando abría su boca podrías ver un par de colmillos sobresalientes, seguramente tendría entre 1 año y 17 meses de edad.
Al igual que esos inusuales ojos blanquecinos, su pelo era de la misma tonalidad blanca.
El segundo niño, envuelto contra su pecho y llorando dormido de vez en cuando, era en realidad una niña de unos 2 años totalmente inconsciente.
Tenía el pelo rubio y lacio, con un par de ojos dorados medio vacíos que recordarían a los ojos del hombre que los llevaba si estuviera despierta, tenía una tez lechosa aunque notablemente más morena que la del primer niño.
El primer niño no llevaba nada más que una camiseta blanca de manga larga y unos pantalones largos de color azul claro con un par de botas negras.
Al contrario, la niña rubia llevaba una falda rosa, una camiseta amarilla y unos zapatos amarillos bastante simples, además estaba cubierta con un abrigo de piel marrón mucho más grande que ella misma.
Después de varios minutos de caminata en silencio, el hombre salió del bosque llegando a un pequeño pueblo muy rural.
En la entrada había un cartel que llevaba escritas estas palabras; "Bienvenido a la aldea Koroshihebi".
Después de un rápido sondeo por los alrededores sólo con la mirada, el hombre entró en la aldea aún analizando los alrededores atentamente.
Vio todo lo normal para este tipo de pueblos, campos de cultivo, tenderos ambulantes, pero finalmente pareció encontrar lo que buscaba cuando se detuvo frente a un lugar con la palabra "Orfanato" escrita al frente.
El hombre dejó al niño albino en el suelo, quien solo siguió mirándole con esa expresión y mirada tan muerta que había llevado durante todo el viaje, mientras despertaba a la niña rubia que dormía plácidamente en su pecho.
-Hmm... ¿Bell-san...?-
La expresión vacía del hombre pareció vacilar ante el tono inocente de la pequeña niña, pero forzó una sonrisa antes de asentir.
-¿Donde estamos? ¿Que hacemos aquí? ¿Donde están papá y mamá?-
El ahora identificado como Bell parecía listo para responder toda las preguntas de la niña, pero se paralizó cuando esta le dijo la última.
-Están muertos, Ais-
Sin embargo, no espero que el otro niño respondiera por él.
-¿Q-que dices F-Fang? N-No bromees c-c-con e-eso...-
A medida que continuaba hablando y negando la respuesta del niño albino, Ais empezó a derramar lágrimas bajo la mirada impasible de Fang.
-Lo *snif* recuerdo... todo...-
-Yo también Ais...-
-(No se quien de los dos está peor, la que llora sin parar, o el que directamente no reacciona...)-
Bell suspiró con una expresión de pesar, antes de tomar a ambos niños por los hombros y hacer que le miren.
-Fang, Ais, siento decir que nos despediremos aquí...-dijo el ojirrojo, haciendo que ambos niños pequeños lo mirasen aturdidos-
-...-Fang no respondió, solo miró al cartel que aparecía en el edificio detrás suyo, sus ojos se abrieron de la impresión antes de mirar a Bell con obvia tristeza en sus ojos-No...-
-¿D-d-despedida...?-
-Si... perdonadme por esto...-
Fang intentó hacer algo ya que vio que algo pasaría, pero fue demasiado tarde como para impedir que un golpe seco en la nuca los dejase a ambos inconscientes.
-Lo siento Frost... Aria... Albert... Gorgona... no puedo cumplir nuestra promesa... simplemente soy incapaz...-
El hombre peliblanco empezó a sollozar, derramando lagrimas dignas de una persona que lo ha perdido absolutamente todo...
-Mi esposa... muerta... me quitaron a mi hija... ¿quien puede seguir adelante con todo eso?-
El peliblanco estuvo a punto de golpear el suelo con su puño, pero recobró el sentido en el último momento quedándose a poco de encajar el golpe, y aún así creó un cráter de uno 10 centímetros.
Bell sacó un par de piedras negras de los bolsillos de su chaqueta, además de una pequeña cuchilla.
-Piedras de muerte... si almaceno sus recuerdos en esto... no se verán obligados a recordar tal trauma...-
El ojirrojo sacó su espada de la funda, y le hizo un corte medio profundo a Fang en la mano, haciendo que la sangre se derrame sobre una de las piedras.
Ante la mirada de lamento de Bell, una bola de color azabache salió de la cabeza de Fang y entró en la piedra de muerte, haciendo que una especie de inscripciones brillen en la piedra.
Luego repitió el proceso con Ais, provocando que una bola dorada brillante entre en la piedra de muerte haciendo brillar otra vez las escrituras, solo que el tamaño de la bola era mucho menor que la de Fang.
Acto seguido, Bell golpeó la puerta con la fuerza suficiente como para despertar a quien sea que haya dentro y dejó a ambos niños en la entrada antes de irse corriendo.
Una mujer castaña en un camisón blanco abrió la puerta y se horrorizó al ver a un par de niños pequeños tirados en el suelo e inconscientes.
La mujer cogió a ambos niños y los llevó a dentro, todo bajo la mirada melancólica de Bell, que solo los observaba desde algunos arbustos.
Después de eso, el peliblanco simplemente se adentró en los bosques y desapareció.
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Einsame Schlange (DanMachi)
FanfictionDe asesino a aventurero, pero... ¿Quién dijo que sería fácil?
