Sentada en un trono hecho de huesos, una mujer murmuraba sobre su aburrimiento para su misma mientras jugaba con una pequeña llama negra entre sus manos.
La mujer tenía un pelo tan negro como el mismo carbón, contrastando enormemente con su piel lechosa.
Su pelo corto apenas le llegaba la nuca y llevaba un vestido que dejaba poco a la imaginación y ejecutaba perfectamente la función de resaltar el increíble cuerpo de la pelinegra.
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-Hm... gobernar el inframundo es taaaaan aburrido...-
La mujer se dejó caer hacia delante solo para que una cama muy lujosa apareciera en un estallido de llamas negras para impedir que la mujer caiga contra el suelo.
-Sería bueno tener una amiga o una pareja aquí abajo... Verion es demasiado servicial y el resto de demonios aquí abajo intentarían matarme para tener mi puesto...-
La mujer se puso boca arriba con una expresión pensativa mientras sus pechos literalmente botaban ante el movimiento repentino.
-¡Ya sé! ¡Verion!-
Al instante siguiente, un hombre de apariencia joven y demoniaca apareció arrodillado ante la cama de la mujer.
Tenía el pelo y la piel totalmente blanquecinas, sin embargo, un par de cuernos negros con destellos azules brotaron entre su pelo, una especie de máscara negra tapaba su boca.
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El demonio levantó la cabeza y abrió sus ojos, mostrando una esclerótica negra y unos ojos de color azul oscuro ante la mujer que tenía delante.
-Yo, Verion, he acudido a su llamado Thanatos-sama, ¿que puede hacer este fiel sirviente por usted?-