Durante los días siguientes, ____ se concentró en su trabajo. Tapó su dolor con capas y más capas de indiferencia y se dedicó a cuidar de sus clientes mientras preparaba comida para Harry y la congelaba, decidida a que no se muriera de hambre cuando se fuera de allí.
Si hubiera sido por ella, no se habría ido. Se habría quedado y habría dado martillazos en su dura cabeza hasta que reaccionara de una vez. Pero no estaba segura de que reaccionara algún día y, en consecuencia, no se podía permitir el lujo de arriesgarse. Al fin y al cabo, también estaba en juego el corazón de su hija, que ya estaba loca por Harry. Cuanto más tiempo se quedaran, más sufriría después.
Cuando llegó el momento de hacer el equipaje, pensó que iba a echar de menos aquel lugar. No había hablado con Harry desde que le dijo que no estaba obligado a seguir al mundo. Se evitaban siempre que podían y, cuando no podían, fingían que no pasaba nada para no disgustar a Holly. De hecho, él no había cambiado de actitud con la niña. La trataba tan bien como de costumbre, lo cual complicaba las cosas a ____, que lo quería más que nunca.
Pero eso no cambiaba nada. Se marcharían al día siguiente. Meterían sus cosas en el maletero del coche y volverían a su casa de Franklin, aprovechando que Buddy había terminado la obra antes de tiempo.
Pero cómo odiaba tener que marcharse de allí. Cómo odiaba alejarse de Harry.
Desesperada, alcanzó una libreta y un bolígrafo y se sentó en uno de los taburetes de la cocina para dejarle una lista de la comida que había dejado en el congelador. Había hecho tanta que tendría de sobra hasta que Kaye volviera.
¿La echaría de menos cuando se hubiera ido? ¿Se sentaría en el comedor y pensaría en ellas? ¿Iría al salón de noche y desearía tenerla a su lado? ¿O se las quitaría de la cabeza de un plumazo? Conociéndolo, era más probable que las convirtiera en fantasmas de una historia que nunca contaría a nadie. Terminarían siendo otra excusa para negarse la vida a sí mismo y levantar barricadas alrededor de su corazón.
Tras hacer la lista, se giró hacia la ventana y miró el taller. Harry y Holly estaban fuera, junto a las casitas de hadas. No podía oír lo que estaban diciendo, pero se estremeció al ver que la pequeña lo acariciaba.
Marcharse iba a ser muy difícil. Llevarse a Holly iba a ser una pesadilla. Pero tenía que hacerlo, por el bien de todos.
El momento temido llegó pocas horas después.
–¡No me quiero ir! –gritó la niña–. ¡Harry! ¡Harry! ¡Mamá dice que nos vamos! Pero yo no me quiero ir, porque estamos construyendo otra casita y tengo que ayudarte a ponerla en el bosque para que…
–Lo sé, Holly –la interrumpió él–, pero tu mamá también te necesita. Y si dice que os tenéis que ir, os tenéis que ir.
La niña lo miró con lágrimas en los ojos.
–¡Pero yo no quiero irme!
–Ni yo quiero que te vayas –replicó, dedicándole una sonrisa–. ¿Qué te parece esto? Terminaré esa casita y te la llevaré a Franklin para que se la puedas dar a Lizzie.
Ella sacudió la cabeza, y sus coletas oscilaron de un lado a otro.
–No es lo mismo, Harry. Quiero quedarme.
–Oh, vamos –intervino su madre, haciendo esfuerzos por no llorar–. Nos tenemos que ir, Holly.
Holly se puso furiosa.
–¡Eres mala!
–No, solo soy tu madre. Venga, ven conmigo.
Holly bajó la cabeza, dio un beso a Harry y, a continuación, caminó hacia su madre con lentitud, casi arrastrando los pies. ____ miró al hombre de sus sueños y lo maldijo para sus adentros. No sabía lo que estaba haciendo. No sabía lo que estaba perdiendo.
