Capítulo XXXIX- Jodiendo los momentos

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Las vistas del amanecer desde la carretera desierta a esas horas eran magníficas. No habíamos ido a más de 80 por hora por ello. Estaba embobada con la imagen del sol apareciendo poco a poco sobre el mar, me encantaban los amaneceres.

Recorríamos una carretera secundaria que circulaba al lado del mar sobre acantilados. Aceleré al salir de la curva, el amanecer era muy bonito pero conducir rápido me gustaba mucho más.

Ethan respondió siguiéndome el paso, me adelantó. Y cuando fui a hacerlo yo, línea continua. Me quedé detrás de él. Giró en un cruce, tenía un sitio en mente para llevarme y yo estaba encantada.

Llegamos a un pueblo llamado Julián, me sonaba de haberlo oído porque está en la montaña y en invierno a veces nieva. Pero nunca había ido.

Paramos al lado de un bar, que debido a que eran las 7 de la mañana todavía no había abierto. Miré a Ethan a través de mi ventanilla, me guiñó un ojo. Sonreí como una boba negando con la cabeza.

Acaricié el logo de BMW del volante, el coche se había comportado genial. Ethan dió unos toques a la ventanilla con los nudillos para que saliese.

— ¿A dónde vamos?

— Adivina— puso una voz ridícula,era lo que siempre decía yo— me ha quedado bien ¿No?— se estaba riendo

— Yo no hablo así— dije siguiéndolo a dónde quiera que quisiese ir

— Lo que digas— levantó las manos en signo de rendición


Llegamos a un cartel que ponía " William Heise County Park"

— ¿Me has traído a ver árboles?— dije para picarle un poco

— No, vamos a tener que subir un poco— dijo, riendo, me había pillado— No sé si podrás, si no ya te llevaré en brazos princesita— y se había cobrado la broma

— Perfecto

Después de media hora de caminata sin parar de subir las vistas eran impresionantes. Al fondo de un valle se podía ver el mar y el sol saliendo a lo lejos, era precioso.

— Se te cae la baba— dijo Ethan pasándome el dedo por los labios como si se me cayese la baba de verdad— casi como cuando me miras a mí

— Creído— me sorprendió el impulso de besarlo, y lo hice— es muy bonito— dije e sus labios— ¿Ya habías estado?

— Una vez, me lo enseñó Ross. Sus abuelos son de aquí— me agarró de la cintura— Ven

Nos sentamos en una piedra, como no había sitio para los dos me coloqué encima de él. Apoyé mí cabeza en su hombro y miramos el amanecer en silencio.

No era un silencio incómodo, cada uno pensaba en sus cosas y a veces cruzábamos miradas.

— Mira que estoy cómodo, pero tenemos que levantarnos. Si no, nos quedaremos sin tarta— dijo Ethan levantándome con él como si fuese un saco de patatas

— ¡Ethan!— grité, me había pegado un susto— ¡Bájame! Nos vamos a caer— me estaba muriendo de la risa, me dio un azote

— Calla— se estaba riendo también— Confía en mí, enana

Durante la bajada pensé que nos matábamos unas cuantas veces pero no nos caímos ni una. Llegamos a los coches y me bajó, apoyándome contra la puerta del Audi.

Rozó su nariz con la mía y me dio un escalofrío.

— Aquí ponen la mejor tarta que vas a probar en tú vida

Entramos a un sitio que tenía una tarta de manzana como logo. La camarera era muy maja y nos sirvió enseguida, la tarta estaba recién hecha. Todavía estaba templada del calor del horno.

Probé un poco y cerré los ojos, estaba tremenda.

— Tengo que empezar a confiar en tú gusto, esto está demasiado bueno

— Yo tengo buen gusto— me guiñó un ojo y sonreí

Se lo tenía que decir ahora, si no ponía distancia acabaría bastante jodida.

— Te tengo que decir algo

— Dispara, aunque creo que no me va a gustar— ¿tanto se me notaba en la cara?

— Es que no debemos dormir juntos más— miré hacia otro lado

— ¿Por qué?

Mierda, no sabía qué responder.

— Pues porque no me gusta

Hizo una mueca. Joder, era experta en joder momentos bonitos.

— Pues entonces no hay más que hablar

Fría. Era la palabra que definía su actitud y no lo culpaba porque era yo la que lo había causado. Pero

En el viaje de vuelta estaba tan enfadada con la situación que pisé el acelerador a fondo, no iba a solucionar nada pero yo me quedaba más a gusto. Ethan me siguió por unos kilómetros, pero se cansó y fue más despacio mientras yo me alejaba.

Llegó a casa 20 minutos más tarde que yo, estaba haciendo la comida. Quería volver al buen rollo que teníamos.

— Oye— dije yo abrazándolo por detrás— ¿Comemos juntos?— puse cara de buena

Se giró sonriendo. Demasiado fácil, había gato encerrado. Ya lo descubriría.

— Vale ¿Qué has pensado?

— Macarrones con queso— me miró aguantándose la risa— Oyee que no sé hacer mucho más

— No no, vale. No me quejo— levantó las manos excusándose

Nuestra discusión de la mañana se había ido atenuando poco a poco. Ahora estábamos casi como ayer. Faltaba algo y creía que sabía cómo solucionarlo, sexo.

Estábamos sentados en el sofá, me coloqué encima de él y lo besé. Me correspondió al beso, pero faltaba algo.

Aunque recorrió mi cuerpo con sus manos y me llevó al séptimo cielo con otras partes de su anatomía, me pareció frío igualmente.

Habíamos acabado en su habitación, me levanté y fui a la mía a dormir. Me había cansado de su actitud de mierda por un comentario que no tenía importancia.

Si él era borde, yo lo iba a ser más. Era mí orgullo el que hablaba pero no iba a intentar nada más, si él quería dejar las tonterías a un lado que lo hiciese si no, cada uno por su lado.

Me dormí enfadada con todo el mundo y me desperté igual, no me apetecía ver a nadie así que no salí de mí habitación hasta que oí la puerta de la casa. Jess y Ryan habían llegado.

Contra Nuestras ReglasHistorias para obsesionarse. Descúbrelo ahora