Ethan
Me despertó el sonido de la cocina. Miré a mí lado de la cama y Jo no estaba. Aunque no era nada nuevo, desde que la dije que era fría había cambiado su actitud.
Ahora no dormía conmigo y si se dormía después del sexo, cuando yo despertaba ella ya se había ido. Aunque seguíamos teniendo ese tonteo de siempre, era distinto. Y joder lo que hubiese dado por volver atrás y no decir esas palabras.
Ese fue uno de los motivos por los que sugerí que a la acampada fuesen Jess y Ryan en vez de todos juntos. Iba a aprovechar estos días.
Se notaba que estaba intentando no hacer ruido para no despertarme, pero tenía el sueño ligero. Miré la hora, eran las 8 de la mañana.
Salí al balcón de la habitación que me había dejado Jessica, nos quedaríamos allí hasta que ellos volviesen de su acampada. Jo estaba apoyada en el borde de la piscina de espaldas a la casa, tenía una taza de café al lado y parecía pensativa mirando al mar.
Joder, la capacidad que tenía para ponerme a cien sin ni siquiera intentarlo cada día me sorprendía más.
El biquini rojo que llevaba resaltaba su bronceado y, aunque no podía ver la parte delantera, la baguita era brasileña y le hacía un culo espectacular.
Me faltó tiempo para bajar y tirarme de cabeza a la piscina con sólo un boxer puesto, sorprendiéndola. Nadé hasta la zona donde se encontraba y la abracé por detrás besándole el cuello.
Sonrió.
- Te queda demasiado bien ese biquini ¿Lo sabías?- bajé una mano por su vientre, colándola por su bañador. Empecé a hacer círculos en ese punto que la volvía loca y suspiró
(...)
Estábamos tumbados en una hamaca, ella apoyada en mi hombro y rodeándome la cintura con una pierna, yo le pasaba el brazo por la cintura. Estaba impresionado, llevábamos sin estar así desde esa gran noche en la que fui un capullo integral, y no era porque yo no quisiese. Sería que la playa le sentaba bien.
Le rugió el estómago, la miré y se puso roja. Estaba monísima con los mofletes rojos y las pecas que la habían salido por el sol.
¿Monísima? En serio Ethan por favor
- ¿Tienes hambre?- era una pregunta obvia, pero estaba tan cómodo con ella apoyada que se me hacía un mundo que ella se levantase
- ¡Ay, se me había olvidado! Tengo la masa de las tortitas en la cocina- dijo Jo levantándose apoyando sus manitas en mi pecho, la verdad eran diminutas comparadas con mis manazas
- Te ayudó a hacerlas- apoyé las manos encima de las suyas, si antes había tenido intención de levantarme ahora no quedaba ni pizca
- ¿Sabes?- dijo, pero al momento lo pensó- Joder si Victoria me enseñó a hacerlas a mí, tú llevarás haciéndolas toda la vida
- La verdad es que no tengo ni idea, siempre las comía hasta que me fui y nunca tuve el interés para preguntar a mí madre- mientras hablaba había ido enredando mis dedos en su pelo oscuro- ¿Sabes qué? Enséñame, quiero darle una sorpresa a mí madre. Lleva mucho sin hacerlas.
Sabía exactamente desde cuándo, desde el 12 de abril de 2017. Y sabía muy bien porqué también, pero había descubierto la mejor forma de no perder los nervios. No pensar en ello.
- Okay
Se levantó y yo la seguí, maravillándome de las vistas que tenía a su culo. La verdad es que estaba bien dotada. Por esa parte y por todas.
Se estiró para coger una sartén, me parecía admirable como se complicaba la vida midiendo 1.50, podía haberme pedido ayuda a mí o coger una silla. Pero haciendo eso me había ayudado a mí sin saberlo.
La agarré de las caderas y la elevé sujetándola para que llegase arriba. Soltó una exclamación, no se lo había esperado.
- Gracias -dijo cuando la bajé, nos quedamos mirándonos más tiempo del necesario- Bueno empecemos- se giró apartando la vista- Hay que coger un cazo, y echar la masa en la sartén con un poco de mantequilla. Esperamos un rato hasta que salgan burbujas y le damos la vuelta- se notaba que llevaba tiempo haciendo tortitas, se le daba de maravilla- dejamos que se haga un poco más y voilà. Te toca
Se apartó para dejarme sitio, pero yo tenía otras intenciones. La empujé hacia donde estaba antes y me coloqué detrás de ella, me pareció que se había tensado. Eché la masa en la sartén y mientras se hacía comencé a bersarle el cuello.
- Así mejor- definitivamente estaba tensa, dejé de darle besos- ¿Qué te pasa?
- Nada, solo que me has sorprendido- dijo desviando la mirada, mentía
- Dime la verdad- dije cogiéndole la barbilla entre mis dedos índice y pulgar
- No es nada, ahora hay que darle la vuelta- tenía una capacidad impresionante para cambiar de tema, aunque ya averiguaría qué la pasaba
¡Joder! ¿Cómo no lo iba a saber? Solo había que atar cabos, desde nuestra discusión Jo había estado muy distante. Habían pasado 3 días, pero se me habían hecho demasiado largos. Menos para el sexo, pero eso es una necesidad para la que solo se necesitan ganas no aprecio. Esta mañana en la hamaca había estado demasiado cariñosa y me lo había cobrado siendo el doble de distante en la cocina.
Había tardado en darme cuenta de esto 20 minutos, mientras estábamos sentados desayunando en silencio. Cada uno pensando en sus cosas.
Estaba decidido a disculparme, no iba a joderlo todo por un comentario soltado en caliente que realmente no pensaba.
ESTÁS LEYENDO
Contra Nuestras Reglas
RomanceJosephine es una chica que pertenece a la clase alta de Santa Monica. Va a un buen instituto, tiene buenos amigos y estaba con un novio que parecia el amor de su vida, hasta que le fue infiel. Quiere pasar un buen verano trabajando, festejando y fo...
