Capítulo 1: Pensando en ti.

68 3 3
                                    

*Hace 4 años*

Ah, me pregunto qué pensará Adam. Siempre ha sido tan guapo, con su cabello blanco, sus preciosos ojos azules y su piel clara; está claro que alguien como él jamás se fijaría en una niña como yo, una estúpida calabaza.

¿Por qué me dicen calabaza? Porque tengo el pelo rojo y soy gorda.

"Miren quién pasa por ahí"

"Oh, si es la calabaza. Cuidado, no sea que los vaya a aplastar"

Yo sólo podía dedicarme a llorar. Llorar. Sí, la mayoría del tiempo uso esa palabra o hago lo que quiere decir esa palabra.

Siempre he sido el hazmerreír de la escuela sólo porque tengo el cabello rojo.

Recuerdo aquella vez en la que me molestaron por eso.

Esa vez en la que Adam me rescató……

**FLASHBACK**

Este es mi fin, ya no puedo más.

Me cansé de correr y me detuve para respirar,  me apoyé en el árbol y cuando creí poder seguir, ¡PUM! me atrapan.

–¡No, por favor, no!– grito.

–Ja. Estúpida calabaza. ¡Esto es para que aprendas!– 

Me golpeó.

Me golpeó en el rostro.

Comencé a llorar.

Ellos se reían.

–Deténganse– una silueta apareció, rodeada por rayos de luz.

–¿Eh?– uno de mis agresores se levantó.

–¿Y quién te crees que eres para decirme que pare?– empujó al niño que no podía ver.

El otro niño empujó al que me había golpeado y luego los dos estaban en el suelo, golpeándose. Poco después, salió huyendo.

–¿Necesitas una mano?– me preguntó el niño.

Sólo asentí con mi cabeza.

Me ayudó a levantarme.

–¿Cómo te llamas?–

–E-Eli…Elizabeth– estaba nerviosa.

–Lindo nombre– sonrió.

–Yo soy Adam–

El nombre de mi héroe era Adam.

–¡Joven Lee!– gritó un profesor.

–Oh no– se maldijo –Nos vemos– se despidió y se fue corriendo.

Yo me quedé con la mano arriba, despidiéndome.

Poco después supe de que su nombre era Adam Lee White.

**FIN DEL FLASHBACK**

Sí, así conocí a Adam y ahora él y yo hablábamos cada día. Somos casi inseparables. 

Y ahora me encontraba completamente embobada, mirando a Adam como una tonta.

De pronto el me miró y yo volteé a otro lado, roja.

Alguien a otro lado del salón se paró y gritó –¡Ey, a la calabaza le gusta Adam!–

Todo el salón comenzó a reírse.

Me quería morir.

Se terminaron las clases y yo me fui a mi casa avergonzada.

Me tiré a la cama y me comí los chocolates que guardo detrás de la almohada.

Mi ángel pelirrojoDonde viven las historias. Descúbrelo ahora