OBANAI/ MITSURI

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Yūzā miró frustrada como el azabache nuevamente no le daba ni siquiera la hora, no entendía porque demonios justamente él se había enamorado de la chica nueva, sí, estaba de acuerdo con que el chico se enamorara de quien quisiera, incluso si no era con ella, ¿Pero enserio era enamorarse de alguien a quien conoces solo por dos míseros meses? ¡Ella había estado para él desde que se unió como cazador de demonios! ¡Hicieron las pruebas juntos! ¡Hicieron las misiones juntos! ¡Se hicieron amigos! ¡¿Y el desgraciado se atreve a ignorarla por culpa de la recién llegada?! ¡Ah no! ¡Ni creas que ella lo aceptaría tan fácilmente!

La chica empezó a relacionarse más con la pelirrosa para que supiera como había seducido al chico depresivo de ojos bicolor, ¡No podía creer que se enamorara en dos meses! ¡A ella se costó seis meses hacerse lo semejante a una amiga! Eso fue realmente injusto, en especial porque ella lo daba todo por él y este apenas le dirigía la mirada.

Mientras Yūzā iba conviviendo más y más con la pelirrosa, pasó un año, ¡Se hicieron inseparables! No había quien las separara, siempre en la finca de la pelirrosa donde Yūzā le preparaba abundante comida, por fin alguien decía que cocinaba bien y no respuestas frívolas como el azabache o muecas de asco como la de sus hermanos y padres, se sentía tan bendecida por tener a aquella pelirrosa a su lado.

Yūzā le regaló un esmalte rosa pálido y un protector labial a la chica la cual encantada lo utilizó todos los días sin falta, siempre abrazándola o dándole cariño, incluso le besaba la mejilla dejando restos de brillo labial en el rostro de Yuza la cual se ponía roja como tomate cuando recibía estos besos, realmente no sabía en qué momento se había olvidado de Iguro, pero ahora estaba locamente enamorada de la pelirrosa que se le lanzaba siempre a los brazos y hacía que su rostro quedara entre sus suaves pechos.

Y contra todo pronóstico, Iguro se quedó mirando como idiota el hecho de que ahora la chica a la que nunca le había dado bola le había robado a su enamorada y ambas eran felizmente pareja la cual estaba día y noche unidas de la mano, o en un abrazo o beso, eran tan adorables juntas que daba diabetes, eran una pareja tal para cual.

Tal parece que Iguro no tenía suerte con las mujeres.

One-short Kimetsu no YaibaHistorias para obsesionarse. Descúbrelo ahora