A nadie parecía importarle que la Luna hubiese dejado de brillar...

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Pensaba que se me acabarían las lágrimas para él y supongo que me equivocaba al pensar así, sentía que de nada servían las sonrisas que hasta ahora me había dado porque ya se había ido, me había dejado tirada como prometió que no haría.

¿Sabéis lo que es sentirse vacía? ¿Sentir como si os faltase algo? ¿Sentir que te falta el aire y no puedes respirar? ¿Sentir que nunca más volverás a ser la misma si le pierdes? Para ese entonces lo daba todo por perdido, sabía que no volvería a tenerlo conmigo si me rendía. Me pasaba horas llamándole pero él hacía como si nada, ya me había cansado de decirle a su buzón de voz lo mucho que le quería y le necesitaba. Estaba harta de todo esto, harta de perder algo que me daba la vida, cansada de meter la pata antes de tiempo como siempre me pasaba. 

Me dolía tanto sentir que le había perdido sin ni siquiera haberle demostrado lo mucho que llegaba a quererle pero así había sido, notaba como se esfumaba entre mis manos y eso me derrumbaba. ¿Queréis saber algo? Si os soy sincera eso que sentí en ese momento se intensificó por mil mucho tiempo después cuando lo perdí para siempre porque chicos, siempre es mucho tiempo. Y hoy, después de haber pasado todo lo que vivimos siento que soy incapaz de olvidar tantas cosas: sus ojos, su sonrisa, el tacto de su piel con la mía. Que sí, Barcelona puede ser muy bonita pero la vista de su espalda desde el otro lado de mi cama, le supera y con creces. Y a día de hoy le sigo echando de menos, desde su manía de morderse las uñas por todo hasta lo mucho que se enfadaba cuando se me acercaba algún chico que no era él. Le echo tanto en falta. 

Y en ese instante recuerdo que no dejaba de llamarle constantemente y odiaba ver como él me colgaba, me dolía ver que se negaba a responder mis mensajes. Me sentía tan sola y perdida en esos momentos. Y es que, la Luna había dejado de brillar desde hacía días y a nadie parecía importarle...

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Odiaba verla así; la veía entrar y salir de su habitación. Desaparecía por la puerta con una sonrisa y segundos después escuchaba como rompía a llorar porque aunque ella intentase llorar en silencio, yo la oía. Sabía que las cosas no iban bien, parecía que su felicidad de estos últimos días había desaparecido como si nada y tenía la sensación de que yo era el culpable y, joder, pensar que Luna lloraba por mí hacía que se me cayera el alma al suelo. Había intentado por encima de todo el poder hablar con ella pero no se dejaba ayudar y en esos instantes odiaba lo cabezota que podía llegar a ser. Decidí acercarme a su puerta y llamé:

–Luna –dije y escuché ruido al otro lado de la puerta–, ¿estás bien? –pregunté y como siempre, no recibí respuesta– Luna, sólo quiero saber qué te pasa.

–Nada.

–No parece que no sea nada.

–Déjame en paz Denis, ¿quieres? –le oí decir– Estoy harta de que me jodas la vida.

Cerré los ojos al oír eso, sí, me dolió.

–Luna, ábreme.

–No –le temblaba la voz– Estoy harta de tener que hacer lo que me digas, de tener que dejar de hacer cosas para no herirte a ti aunque eso me haga daño a mí.

–Luna... –empecé a decir pero me interrumpió.

–No quieras ser como papá –mentiría si dijera que no tenía ganas de llorar– Crees saber lo que es mejor para mí y no lo sabes. Si papá estuviese aquí querría lo mejor para mí y parece que tú no lo quieres.

–Eso no es verdad.

Escuché pasos hacia la puerta y me aparté de ella. Al otro lado no estaba mi Luna, no la que yo conocía. Le ví marcas de haber llorado pero ni rastro de su sonrisa, joder, parecía tan pequeña y frágil.

–Si estás así por Eric... te lo dije, yo sólo quería evitar que esto pasara. Por eso te advertí que tenías que acabar con esto.

–No te metas en esto.

–Tengo derecho a hacerlo –le respondí.

–¡No! –me gritó– No lo tienes porque si estoy así es por tu culpa.

–Yo no he hecho nada.

–Prefiere tenerte a ti en su vida que a mí –susurró.

–¿Qué?

–Eric ya no me habla ni me responde las llamadas desde que mi fantástico hermano, irónicamente hablando claro, le echó la bronca por estar conmigo –vi como empezaba a llorar– Puede que yo no cumpliese la promesa de mantener mi boca callada pero, joder, ¿tanto te molesta que él logre hacerme feliz? ¿Es que no quieres que yo sea feliz? –intenté acercarme a ella pero se apartó– No sabes lo jodido que es saberse su contestador de teléfono de memoria porque esa es la única forma de oír su voz que tengo en estos momentos.

–Luna, yo...

–Tú, ¿qué? –me retó.

–Lo siento.

–¿Que lo sientes? –me miró incrédula– ¿Sabes qué, hermanito? –dijo y me dió un golpecito en el hombro– Eso no va a hacer que vuelva y mucho menos me va a devolver el tiempo que perdido llorándole pero me alegro de que lo sientas. Sólo espero que te sientas como una mierda al saber que por tu culpa estoy jodida, por ti y no por Eric –Luna no dejaba de llorar mientras decía eso– ¿Dónde está el 'te lo dije' que tenías que decirme? ¿Eh? –cerró la puerta de un portazo y creo que en esos instantes no podía sentirme peor de lo que ya me sentía.

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Era el sexto mensaje de texto que recibía hoy..

"Por favor, necesito hablar contigo, te necesito."

Sabía que ese mensaje me lo había escrito llorando porque la mayoría de veces que Luna me decía que me necesitaba lo hacía llorando. Siempre me necesitaba cuando estaba perdida, cuando no podía más. Ella sentía que a mi lado el dolor dolía menos y para qué engañarnos, yo también, sentía que la vida era menos mala si la tenía cerca.

Vibró de nuevo el móvil; ésta vez parecía ser un mensaje de voz. Sabía que si le oía diciendo que me necesitaba, cogería y recorrería la distancia necesaria para tenerla entre mis brazos y decirle que todo iba a estar bien. Jugué con mi móvil sin saber qué hacer, solo sé que después de soltar todo el aire acumulado en forma de suspiro, abrí el mensaje. Me acerqué el teléfono a la oreja y cerré los ojos. No sabía si estaba preparado y sentir su voz fue como si la tuviese justo delante.

–No sé por donde empezar –oí que decía– Sé que he metido la pata, sé que tendría que haber esperado a que pasar un poco el tiempo porque ni siquiera sabemos si dentro de dos meses seguiremos con esto –afirmó, ese también era mi mayor miedo la única diferencia es que yo no era como Luna, yo no era capaz de admitir que tenía miedo de perderla– Sólo sé que te necesito, te necesito como ya nadie se necesita y puede que haya hecho las cosas mal pero, joder, no sabes lo mucho que me duele que tú prefieras irte. Me duele que hayas preferido coger la vía fácil y seguir tu vida sin mí pero yo no puedo. Puede que sea pronto y esté metiendo la pata –la oí suspirar–, pero estoy irremediablemente enamorada de ti y, dios, saber que te estoy perdiendo puede conmigo –admitió y rompió a llorar y en ese momento me vine abajo– Te quiero –y colgó.

Dejé el móvil encima de la mesita de noche y hasta entonces no me había dado cuenta de que yo también había empezado a llorar. Volvió a vibrar mi móvil y se iluminó la pantalla mostrándome la foto de fondo; una foto de Luna y mía, en ella yo le besaba la mejilla y ella sonreía. Esa sonrisa...pf, no había nada que no hubiese hecho por ella y no estaba dispuesto a perderla, no ahora. Cogí el teléfono y busqué su número para enviarle un mensaje.

"Yo también te necesito..."

Continuará...

"La historia de mi vida..."Historias para obsesionarse. Descúbrelo ahora