Esa misma noche pasaron muchas cosas. Tantas que no sé por donde empezar. Recuerdo que cada vez llegaba más gente a casa y yo, queriéndolo o sin querer, no sé, le buscaba con la mirada. Y cada vez que me giraba y no era él, me desilusionaba...no podía ser nada bueno. Decidí ir a la cocina con Lucía y le conté todo lo que había pasado y, aunque no era gran cosa, desde siempre había sido muy enamoradiza y a la mínima me ilusionaba. Me prometí después de cortar con Toni, mi ex, que no volvería a caer por otro tío, había decidido que quería que pasara un tiempo hasta enamorarme de verdad pero por alguna extraña razón mi cuerpo no dejaba de rebelarse cada vez que Eric estaba cerca. Era algo automático.
Quería dejar de pensar en ello ya que era mi cumpleaños y quería disfrutarlo, pasarlo a lo grande. Bailé, canté, bebí, grité; todo con Lucía. Sabía que esa sería una noche que siempre recordaría.
Me fijé en el reloj: eran casi las tres de la madrugada. Tenía sed así que fui hacia la cocina, separándome de Lucía unos segundos. Al llegar allí, abrí la nevera buscando un poco de agua. Al girarme vi a Eric apoyado en la barra. Me miraba con una sonrisa.
–Hola –susurré.
–Hola –me guiñó un ojo–. ¿Qué hacías?
–Buscar un poco de agua –moví la botella en mi mano–. ¿Y tú?
–Buscarte.
Quiso acercarse a mí pero en ese instante se abrió la puerta de la cocina, era Denis. Nos miró a ambos y aparté rápidamente la mirada de Eric.
–¿Qué hacíais? –preguntó.
–Yo he venido a buscar un poco de agua –le sonreí–. Voy a tomar un poco el aire –miré de reojo a Eric y me despedí de ambos con la mano.
Me senté en las escaleras del jardín de la parte de atrás. No había nadie y lo preferí, necesitaba despejarme un poco. Nunca sabía ponerle fin al alcohol y a veces necesitaba un respiro. Cerré los ojos durante unos segundos mientras intentaba relajarme. No sé cuanto tiempo pasé con los ojos cerrados pero la verdad es que no me importaba; necesitaba pensar un poco en todo lo que estaba pasando. Sentía que tenía miedo y yo nunca lo había tenido.
Volví a la realidad cuando noté que alguien se sentaba a mi lado, me giré asustada. Era Sergio, el amigo de mi hermano.
–¿Qué haces aquí? –se rió. No iba muy bien que digamos.
–¿Sabes que ese vestido que llevas te queda muy bien? –puso una de sus manos en mis piernas y le di un manotazo.
–No me toques.
–Pero...¿por qué no?
–Sergio, te ha dicho que no la toques.
Ambos nos giramos ante esa voz. Agradecí que apareciese Eric. Éste se acerco a Sergio y lo cogió para llevarlo dentro. Le sonreí en modo de agradecimiento para después levantarme y dirigirme al lado de la piscina. Me quité los zapatos y metí los pies en el agua. Me mataba usar tacones, no estaba acostumbrada. Bebí un poco más de agua y en mi fuero interno me prometí no beber nunca más alcohol, una promesa que a la próxima fiesta seguramente rompería. Sonreí ante tal pensamiento.
–¿Puedo sentarme? –me giré y le sonreí.
–Claro – Eric se sentó justo a mi lado.
Nos quedamos en silencio mientras yo movía los pies dentro del agua. Él tenía una de sus manos apoyada en el césped, cerca de la mía, como si quisiera tocarla pero parecía como si hubiese algo que le impidiese acortar la poca distancia que quedaba. Suspiré y le miré.
–¿Por qué me buscabas? –le pregunté. Sonrió.
–Por nada en especial –me dijo–. Sólo quería estar un rato contigo.
