Hace 7 Años

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Lincoln regresaba de la tienda de abarrotes tras comprar lo necesario para el mes. Siempre intentaba gastar lo mínimo posible para depositar el resto en su cuenta bancaria.

—Ahhh, qué mierda de día —masculló—. Al menos todo estuvo barato... ¡Gracias, Almacenes Don Baratón!

De pronto, divisó a una chica de unos once años. Se veía maltrecha, descuidada, vestía arapos rotos viejos y sucios y con cara de pocos amigos. Empuñaba una hoja de un cuchillo sin mango.

—Mira, viejo, no es personal, pero me vas a entregar esas bolsas... ¡Ya!

—Con permiso, pequeña —respondió Lincoln riendo un poco, mientras seguía caminando hasta entrar en su departamento.

La niña rompió a llorar al sentirse débil y cobarde. Sin embargo, el llanto no duró mucho; el cansancio la venció y cayó desmayada. Antes de cerrar los ojos, vio a alguien acercarse y solo pudo rogar que no fuera un monstruo.

En un Sueño

Una niña de apenas siete años lloraba a los pies de su madre. —¡Por favor, mamá! ¡Seré buena, traeré más dinero a la casa! No dejes que me lleven.

—¡CÁLLATE, INÚTIL! —le gritó la mujer—. Estos caballeros necesitan escuinclas como tú y yo quiero el dinero. Además... quién sabe, si aprendes pronto, puede que te escojan como mascota personal. ¡TE ESTOY HACIENDO UN FAVOR!

La mujer la golpeó con fuerza. Los ojos de la niña perdieron su brillo. —Pero yo te quiero... —susurró.

Fuera del departamento un hombre mal encarado se acerca a la niña

—Niña... —dijo un sujeto apodado "Rata"—. Te propongo algo: te regalo cinco minutos con esa perra. Si quieres matarla o despedirte, es tu decisión. Solo dejaré esto aquí. El hombre dejó una navaja en el suelo.

—¿Ema? ¿Qué haces aquí todavía? —preguntó la mujer, —. Ya deberías estar en cuatro para que no te golpeen tanto.

—Sabes algo, Luisa... —respondió Ema con voz gélida refiriéndose a su madre por su nombre —. Las flores que mueren suelen renacer más bellas y fuertes. Pero primero tienen que pudrirse por dentro. Algunos pobladores a esa flor la llaman "Nakaro".

—¿Y eso qué mierda me importa? —Quería guardarlo para tu cumpleaños, pero ya no nos veremos. Encontré las drogas de papá; están detrás de una puerta falsa bajo el lavabo.

Luisa se agachó a buscarlas con codicia. Mientras lo hacía, Ema se colocó detrás de ella con la navaja en alto. Minutos después, la niña salió de la habitación cubierta de sangre.

—Jajajaja, parece que te divertiste, Ema —rio Rata. —Por favor... solo llámame Nakaro.

Despertar

La niña despertó en una habitación pequeña con el cuerpo adolorido. Una camisa de hombre cubría su torso y llevaba unos shorts algo largos. Al revisarse, notó que estaba vendada como una momia. El pánico la invadió: quien la hubiera recogido la había desnudado y manipulado. Habría vomitado de no ser porque tenía el estómago vacío.

Con las pocas fuerzas que le quedaban, buscó algo para defenderse.

Flashback:

Nakaro baja la navaja. No tuvo el valor. Luisa, al querer levantarse, resbala y cae de cabeza contra la esquina de la mesa, llenando de sangre a la niña.

La pequeña tomó una pluma metálica. Sintió su peso y suplicó no dudar esta vez. Sus hermanas dependían de ella. ¡Sus hermanas! Al salir del cuarto, se topó con el albino que traía una charola. Intentó correr hacia la ventana, pero sus piernas fallaron y cayó al suelo. Lincoln la levantó con facilidad y la acostó de nuevo.

—Hola, me llamo Lincoln Loud. Soy al que quisiste asaltar hace dos días.

—Me llamo Em... Nakaro. ¡¿ESPERA, DOS DÍAS?! —intentó levantarse alarmada.

—No te muevas, estás delicada.

—¡Tú no entiendes! Mis hermanas están solas —gritó ella llorando.

—¿Y sus padres? —preguntó Lincoln con seriedad.

—Soy la única que las cuida.

—Come rápido. Nos vamos en cinco minutos.

Minutos después, la niña subía al auto de Lincoln masticando un trozo de pan y guardando el resto.

—¿Hacia dónde hay que ir? —Ciudad Portales.

—¡¿QUÉ?! Eso está a una hora en auto y a ocho caminando.

—Soy una ladrona —murmuró ella—. Todos me conocían por los alrededores, tenía que alejarme.

—¿Por qué están a tu cuidado? —preguntó Lincoln mientras conducía. —¡No te incumbe! —Voy directo a rescatarlas... creo que tengo derecho a saber en qué me meto, ¿no?

—No somos hermanas de sangre... —confesó Nakaro tras un silencio—. Solo somos un grupo de chicas cuyas familias las vendieron por unos dólares. Escapamos hace un año. Nadie contrata a una niña, así que hemos vagado robando y buscando sobrevivir. Yo soy la mayor y haré lo que sea por ellas.

—No tienes que confiar en mí —dijo Lincoln y después de un silencio volvió a hablar —, pero si quieres, pueden quedarse en mi casa mientras se recuperan.

—Todos son iguales —susurró ella.

—No es así, no todos son malv...

—¡MENTIRA! —estalló Nakaro—. ¡Todos buscan aprovecharse! Los únicos que "ayudan" son los que quieren violarnos. Escucha... —su voz se quebró—. Haré lo que tú quieras. Te complaceré como sea, pero sálvalas y déjalas fuera de esto. Por favor.

Lincoln no respondió, solo aceleró. —¿En qué situación están?

—Si dormí dos días, llevan cinco sin comer. Nera, la más grande, estaba enferma cuando me fui. Es en el edificio azul a la derecha.

Era una fábrica de hilos abandonada. —Quédate aquí —ordenó Lincoln.

—¡No! Si yo no voy, no saldrán.

Al entrar, vieron a un hombre sujetando a una niña rubia por el cabello. —Jajaja, mira lo que encontré. Estas perras están aquí otra vez.

—Hay que llevarlas a ver qué nos dan algo por ellas.

— No he tenido acción en semanas... ¿puedo? —preguntó el otro tipo mientras se desabrochaba el pantalón.

No terminó la frase. Lincoln corrió y lo noqueó de un golpe. El otro sujeto salió de su asombro. —Mira qué tenemos, una mierda blanca que quiere jugar al héroe.

El hombre golpeó a Lincoln en el estómago. Aunque Lincoln bloqueó, la fuerza fue inmensa. Lincoln intentó defenderse con una tapa de basura, pero el tipo la abolló de un puñetazo que alcanzó el cuerpo del albino, haciéndolo escupir sangre.

Nakaro entró en pánico. Nera estaba muy mal y las pequeñas estaban golpeadas. 

El hombre golpeaba a Lincoln con gusto Nakaro sabia que era el único que podía ayudarlas  Se armó de valor, sacó el bolígrafo metálico de su bolsillo y lo clavó en el oído del tipo. El hombre aulló de dolor y, furioso, ataco directo a la niña buscando lastimar la cara de Nakaro con una navaja, dejándole una cicatriz en la mejilla. El tipo intentaba sacar el bolígrafo que estaba bastante atascado

Lincoln aprovechó la distracción. Con una patada certera, golpeó la mano del hombre, haciendo que el bolígrafo se hundiera por completo en su cráneo. El sujeto cayó muerto, no tubo mucho tiempo para darse cuenta que acababa de matar a un hombre

Lincoln corrió a socorrer a Nakaro, pero el primer hombre, que solo estaba noqueado, se levantó y lo apuñaló por la espalda.

—JAJAJAJA... eso fue entretenido, pero se te acabó el "power", putito.

Antes de que pudiera rematar a Lincoln, el hombre se quedó rígido y empezó a vomitar sangre. Detrás de él, una niña pelinaranja de unos siete años empuñaba una aguja de hilar industrial de setenta centímetros, con la que había perforado repetidamente la espalda del agresor.

—Hola —dijo la pequeña con voz plana—. Me llamo Subaru. 

Vida En Una MentiraDonde viven las historias. Descúbrelo ahora