En la sala de estar, sentada en un sillón, una mujer de unos sesenta y cinco años fumaba con las piernas cruzadas mientras el grupo de los Loud la rodeaba con una mezcla de odio y desconcierto.
—¿Qué diablos haces aquí? —soltó Lincoln con amargura—. El trato era que te alejaras de mí.
—Y tú tenías que resolver mis problemas, no aumentarlos, tarado —replicó Rita, soltando una densa nube de humo—. No creas que no me enteré de lo que acabas de hacer.
—Señora Loud, no es por ser grosero, pero usted no debería hablar de eso y menos con todos presentes —intervino Gerardo, tratando de mantener la compostura.
—¡A la mierda con quien se entere! —estalló ella—. Esos mocosos ya lo arruinaron todo. Podían esperar algunos años más, pero no... a los niños les urgía encontrar a su incestuoso padre.
—Si estás aquí es porque necesitas ayuda —dijo Lincoln en tono amenazante—, y mientras estés aquí no te permito que insultes a mis hijos ni a mis amigos. —Se quedó pensando un momento y bajó la voz—: ¿Cómo está ella?
—No lo sé, las comunicaciones se cayeron. ¿Por qué será? ¡Ah, sí! Tal vez porque destruiste el almacén de Ernesto.
—Señora, con el respeto que le debo por ser la madre de mi padre, le pido que no mencione a ese tipo —intervino Nakaro con frialdad.
—Hágame un favor y niéguese a lo que le pedimos para tener una excusa y poder destrozarla —añadió Noke.
—Mmm... sí, podrías hacerlo —rio Rita con ironía—, pero entonces la linda Asia jamás recuperará su amor, jajaja.
—Sin rodeos, mujer —sentenció Lincoln.
—¿Crees que vendría aquí sin alguna garantía de que toda esta bola de fenómenos me protegería? Conozco la ubicación de alguien que sería de mucha ayuda para ustedes: Guzmán, el perrito faldero de Asia.
—¡Mientes! —Asia bajó del segundo piso, tambaleándose por las heridas—. Mi madre lo mató.
—Pues si eso crees, linda, eres menos influyente de lo que soy yo. Mira, no vendría aquí sin una prueba.
Rita sacó un dispositivo y mostró un video: un hombre de unos veintisiete años estaba amarrado a una silla médica mientras le extraían sangre de forma sistemática.
—¿Quién diablos eres, madre? Ya no te reconozco —dijo Lori con una mezcla de rabia e indignación.
—Jum... la verdad, al verlos a ustedes y a sus... engendros, puedo decir que la manzana no cayó lejos del árbol. Vean a las hijas de Lucy y Lola, son unas pandilleras. ¿Y saben siquiera lo que hacen Lulu y Lani en la escuela para divertirse? Más bien me sorprende que ustedes no se sorprendan de esto.
La cara de las hermanas Loud se torció. La indignación era clara, pero el conflicto interno las devoraba: se negaban a ser criminales, pero al ver a sus hijos heridos y dispuestos a arrebatarle la vida a otro ser humano sin dudar, la realidad las golpeaba. Sabían que ellas mismas habían atacado con saña y con el objetivo claro de matar para proteger a los suyos.
—¡Ah! —Rita susrpiro — Mira, hija... —Hacía años que Rita no llamaba "hija" a ninguna de ellas—. No los culpo. —Rita levantó la guitarra de Luna, que aún estaba manchada de sangre—. Sé que es probable que hoy ustedes terminaran con la vida de muchas personas y se van a justificar diciendo que fue por ayudar a sus hijos, pero al final es un crimen, ¿no?
Rita se levantó y tomó con cariño la mejilla de Lori. Lo hizo con una calma y ternura que ninguno de los nietos había conocido jamás en sus abuelos.
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Vida En Una Mentira
Fiksi PenggemarUn escritor que a pasado su vida tratando de llenar el vacío de la soledad...... Solo con sus recuerdos y fantasmas del pasado Que es lo que puede hacer si no es otra cosa que buscar consuelo en sus historias
