las louds y sus corazones

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En una sala muy amplia de la mansión, el ambiente se podía cortar con un cuchillo. Diez mujeres rodeaban con furia a una sola mujer que temblaba de miedo, mientras Lincoln se interponía para defenderla y cuatro hombres de seguridad delimitaban los movimientos de las agresoras.

—Bueno, ¿qué fu...? —intentó hablar Lincoln, pero fue interrumpido de inmediato.

—Ahórrate el discurso —soltó Luna con brusquedad—. Solo queríamos sacar el coraje que traíamos dentro.

—Sí, solo fueron unos golpes, nada grave —añadió Luan con una sonrisa cínica.

—¡A HUEVOS! ¡Me querían matar! —chilló Carol desde detrás del peliblanco.

—¡Y no es para menos! —le gritó Lana, cerrando los puños.

Lola dio un paso al frente, con los ojos echando chispas. —Fuiste a nuestra casa y fingiste ser amiga de Lori durante los últimos diez años.

—Tú nos consolabas cuando nos quebrábamos porque él no estaba —añadió Lucy, emergiendo de entre sus hermanas como una sombra acusadora.

—¡Jamás dijiste nada, maldita! —rugió Lori, sintiéndose traicionada por su mejor amiga.

Carol se encogió de hombros, recuperando un poco de su audacia. —En mi defensa, jamás preguntaron.

—¡Yo la mato! —exclamó Lily, intentando abalanzarse, pero siendo retenida.

—Tranquilícense —ordenó Lincoln con voz firme—. Bueno, Carol, ya me encontraron.

— Pero... ¿cómo? Jamás me preguntaron nada a mí directamente. —carol de verdad confundida

—Tu hermana —respondió Leni, señalando a Lori con simpleza.

Mientras tanto, en otro sector de la ciudad, el grupo de las más jóvenes disfrutaba de un momento de paz momentánea.

—Hey, hay que atacar más seguido —comentó Lulu mientras saboreaba un bocado—. Conseguimos helado.

—Sí, pero también que nos saquen de la casa a patadas —añadió Subaru con un suspiro.

Loan miró a su alrededor con nerviosismo. —Ay, Dios, qué loco está todo esto.

—¿En serio nadie está molesto? —preguntó Lyra, incrédula—. ¿Nadie siente que nos ocultan medio mundo?

—Si la tía Carol lo hizo, tal vez fue porque ella también quiere a mi papá —opinó Lemy con inocencia.

Leia soltó una carcajada burlona. —Ay, pequeño niño llorón... ¡literalmente media Royal Woods babea por él! Eso es obvio. Es más, estoy segura de que hasta sus propias hijas se moj...

—¡Demasiada información! —le gritó Lyra, tapándole la boca de inmediato.

Lizy aprovechó el silencio para soltar lo que le pesaba en el pecho. —Hermanas, hay algo que quiero decirles, pero no sé si papá quiera que se sepa.

—A ver, escupe —la instó Loan.

—Niñas, no deberían escarbar donde no quieren encontrar tierra —intervino Nakaro con tono protector—. Papá es grandioso.

—¿Me vas a decir que nunca ha hecho o dicho nada malo? —cuestionó Liby con escepticismo—. ¿O que nunca ha mirado a alguna mujer? Digo, no creo que sea ajeno a eso.

—¡A ver, cuenta el chisme! —exclamó Lani emocionada.

Lancy, que había estado observando , interrumpió con voz gélida. —Será en otra ocasión... Esos autos nos vienen siguiendo desde hace tres cuadras.

El ambiente cambió de la risa a la tensión pura. Nera miró a Lulu. —¿Puedes ver algo dentro?

—Hey, eso es "rasista". ¿Qué, crees que tengo esa clase de visión? —respondió Lulu ofendida. Hizo una pausa y luego añadió—: Bueno, sí la tengo, pero me ofende.

Lulu se concentró, sus ojos fijos en el vehículo que las acechaba. —Mierda... y de las grandes. Esos tipos están muy armados. Diría que es exagerado para seguir a unas niñas.

—Tal vez tienen información de nosotras —sugirió Sera.

—Si tenemos suerte, no saben quiénes somos realmente —murmuró Loan.

—No veo nada que pueda neutralizarnos a Lani o a mí —analizó Lulu con rapidez.

—No hay que arriesgarse —ordenó Leia—. Hay que escapar.

—Ese no es mi estilo... pero lo haré por papá —aceptó Lupa.

—¿Crees que puedas llevarnos a todas? —le preguntó Liby a Lulu.

—No creo, mi límite son ocho personas —respondió la pequeña científica.

—Pues tocará escapar por tierra —concluyó Nera.

En ese momento, un tipo bajó de uno de los autos mientras otros vehículos aparecían bloqueando las salidas. Un hombre caminó hacia ellas con paso pesado.

—¡AHORA! —gritó Nakaro.

Todas tomaron distintas direcciones, golpeando o tacleando a quien se pusiera en su camino, dispersándose por la ciudad para dividir al enemigo.

De vuelta en la mansión, el ambiente seguía tenso pero la discusión había cambiado de tono.

—Eso me tranquiliza un poco —admitió Lori, aunque luego miró a su hermano con reproche—. ¡Y tú, Lincoln! ¿No te avergüenza amenazar así a Carol?

—Sí, sí... Lincoln malo —respondió él con sarcasmo golpeando la palma de su mano con la otra.

—No lo culpen —intervino Carol con suavidad—. Fue un tiempo difícil, sobre todo por lo del señor Lynn.

Lola se quedó helada. —Aguarda... ¿Papá? ¿Qué tiene que ver él en todo esto?

—Algunas cosas de las que ¡ALGUIEN! no tenía que mencionar —dijo Lincoln, lanzándole una mirada fulminante a Carol.

—Oye, ya casi es la fecha, ¿y no les has dicho? —replicó Carol sin achicarse.

—No tenían que saberlo todavía...

—A ver, hermano... ¿de qué hablan? —exigió Luna, poniéndose frente a él.

Lincoln bajó la mirada, guardando un silencio sepulcral antes de soltar la bomba. —Bueno... es sobre papá. Él está vivo. Y también...

—¡Señor! —Gerardo entró corriendo a la sala, interrumpiendo el momento—. Nakaro habla y es urgente.

—¿Qué pasa? —preguntó Lori, sintiendo un mal presentimiento.

—Las están persiguiendo.

Lincoln reaccionó como un resorte. —¡Dile a Marck qué está pasando y que necesitamos ayuda! Chicas, tomen un automóvil, hay que tratar de localizarlas.

En ese instante, el teléfono de Lola comenzó a sonar. —¡Hija! ¿Dónde están? ¿Qué pasó? —Lola escuchaba con el rostro pálido—. Ajá... Okay, vamos por ustedes.

—¡¿Qué pasó?! —gritó Leni desesperada.

—Se separaron para despistarlos. Leia está con Lizy.

—Hay que separarnos —instruyó Lincoln—. Gerardo, Noke, Máximo, ayuden a Marck a localizar a quien sigue a mis hijas y neutralícenlos de cualquier forma.

Lynn apretó los puños, sosteniendo un bate que había tomado de un rincón. —Hoy unos pendejos van a morir.

Todos los Loud salieron en tropel de la mansión. Sabían que sus hijas eran fuertes, pero también sabían que nadie es a prueba de balas. 

Vida En Una MentiraHistorias para obsesionarse. Descúbrelo ahora