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Pagué lo que había consumido esa noche. Aquel francés al cual había decidido confesar mis penas seguía ahí.

— ¿Me permites un poco de tu tiempo para confesarme a tí? —  Él había escuchado mi pequeña historia, lo menos que podía hacer era escuchar la suya así que asentí. — Bueno, cuando me mudé a España, sinceramente creí que nunca podría encajar, sufrí mucho ahí con todos los idiotas que me golpeaban y me hacían sentir como un imbécil; me mataba en vida, sobretodo, la culpa de no haber caminado hacia tí en ese último día, pero me alegro de saber que alguien finalmente me guardó en su corazón después de tanto tiempo, Rusbi. — Lo miré extrañado, no había mucha gente que me dijera así.

Entre todos ellos estaba él

Comencé a llorar de felicidad; el chico que vivía cerca de mi calle, que se sentaba adelante, que me había hecho ver estrellas dónde no había.

El chico del que me burlé, como todos, ahora estaba enfrente mío.

Pero, ¿Qué chiste tenía todo aquello si no podía abrazarlo?

Porque, en el momento en que ví que carecía de sombra, todo mi sufrir se vió intensificado.

Esa misma noche, en la cima del edificio en el que me hospedaba, dejé mis últimos suspiros.

Todo para morir y estar cerca de quién hice tanto daño.

Un ángel que vuela alto en el cielo, buscando la calma y sabiduría de Dios después de vivir un infierno.

Y un demonio que lo mira desde abajo, con la alegría danzando gracias que el perdón le fué otorgado.

Gracias por leer este cacho de miseria c:

  𝙻'𝚎𝚏𝚏𝚎𝚝 𝙳𝚎 𝙼𝚊𝚜𝚜𝚎  (𝔰𝔥𝔞𝔡𝔬𝔲𝔟𝔦𝔨)Donde viven las historias. Descúbrelo ahora