te solté, te superé

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mateo
23 de marzo 2021, Buenos Aires Argentina

A dos días de mí cumpleaños y nunca estuve tan desmotivado como hoy.

Estuve revisando el cuaderno y solo quedan dos cartas, dos cartas y ni una pista.

No sé dónde pueda estar, no se como debe estar, no se si va a volver.

Cada minuto que pasa me hace perder las pocas esperanzas que me quedan, se desvanecen esas ilusiones de que ella vuelva o de que aparezca un día como si nada, como por arte de magia.

El corazón se me achica al leer el título de la carta y mis lágrimas empiezan a caer sin previo aviso. Ella me soltó, ella me superó y posiblemente, no la vuelva a recuperar.

Me senté sobre su cama, que estába perfectamente tendida, observé a mí alrededor.

Ella siempre fue tan alegre y era algo que se notaba, ella era feliz.

Mire la pared pintada, nunca me voy a olvidar de ese día, es uno de mis mas preciados recuerdos...

— ¿Que haces amor?— pregunte mientras miraba como corría el escritorio— ¿No querés que te ayude?— me acerque a ella y sonreí al ver qué el escritorio le estaba ganando.

Se puso las manos sobre sus caderas y me miró mal.

— ¿Se puede saber por qué me miras así?— elevé una ceja.

— ¿Así como?— pregunte dando un paso para quedar más cerca de ella.

Con su dedo índice apunto mí pecho y se lamio los labios, para después subir un poco su cabeza y conectar su mirada con la mía.

— Haciéndote el piola— mí sonrisa se amplió más—, te estoy hablando en serio— negué mientras mordía mí labio inferior, sus ojos eran penetrantes, ese color tan intenso...

— Sos muy chiquita, ahora lo corro yo al escritorio— le dí un pequeño beso en la punta de su nariz y me alejé para poder empujar el escritorio.

Sis muy chiquiti— me hizo burla, solté una carcajada mientras empujaba—, ahí está bien— asenti y dejé de empujar—. Gracias señor músculos— me mordí el labio inferior y elevé las cejas. Se acercó a mí y me dio un cortó beso.

— ¿Ahora me vas a decir que vamos a hacer?— pregunté y ella negó, camino hasta su placart y lo abrió.

Observé curioso lo que estaba sacando, era una caja color azul.

La dejo en el piso y se agachó para abrirla.

Empezó a sacar latas de pintura, pinceles y aerosoles.

— ¿Vamos a...— me interrumpió.

— Si, vamos a pintar la pared. ¿Querés?— asenti con una sonrisa.

— ¿Y que vamos a pintar?— ella elevó los hombros y empezó a abrir las latas de pintura.

— Vamos a improvisar, así es el arte— hundió las cejas e hizo fuerza para sacarle la tapa a una de las latas, pero no podía.

perenne | trueno Historias para obsesionarse. Descúbrelo ahora