los colores

1K 60 1
                                        

mateo
28 de febrero 2019, Buenos Aires Argentina

El dolor qué sentí esta semana, era inexplicable, era diferente.

Me dolía el corazón, me dolía mucho y todo el mundo lo sabía.

La carta de lola me dejó destrozado, el triple de lo qué ya lo estaba.

Se me llenan los ojos de lágrimas y se me hace un nudo en la garganta cuando pienso en las palabras de esa carta.

Cada una de sus frases, cada una de sus palabras, era una nueva forma de lastimarme a mí mismo.

Mí papá me dijo qué era demasiado masoquista de mí parte leer las cosas de ese cuaderno, pero me niego a dejar de hacerlo.

Cómo ya dije, me lástima cada palabra de esa carta, pero yo también la lastimé a ella... Ella dejo ese cuaderno para mí, lo qué mínimo qué puedo hacer son leer las cartas.

Y se qué eso no va a remediar nada, que no va a cambiar todo lo que hice mal, y qué posiblemente cuando terminé de leer las cartas, esa pequeña ilusión de qué ella vuelva, se va a esfumar.

Pero lo quiero hacer, por ella y sobre todo por mí.

Ya pasó una semana desde qué leí esa carta y acá estoy, caminando hasta nuestro lugar.

– ¿Trueno?– me dí vuelta, una señora con un nene estaban parados mirándome.

– Hola– conteste tratando de sonar amable, no era un muy buen día para mí, bueno, en realidad ya no hay buenos días en mí vida.

– ¿Nos podemos sacar una foto?– preguntó el nene, yo asenti y sonreí, el nene se acercó y se puso a mí lado, me agaché un poco y lo abracé por los hombros.

La señora nos sacó algunas fotos y el nene se puso a conversar con migo, tenía unos once años, me hacé acordar mucho a Emi.

– Todos tus fans te extrañamos, ya no apareces– dijo el nene, yo le dediqué una sonrisa.

– Pasa qué estoy medió ocupado– el nene me dio una mirada comprensiva y asintió.

– ¿Vamos Lucas?– preguntó la señora, el nene asintió y me dió un choqué de manos, le sonreí– gracias, hace mucho me viene diciendo qué te quiere conocer– yo negué y lo miré al nene, tenía una sonrisa de oreja a oreja.

Lo despeine un poco con mí mano.

– Nos vemos campeón, chau señora– ellos me sonrieron y yo seguí con mí camino.

Me puse la capucha y de la mochila saqué los lentes negros, no quería que la gente me reconociera, no quería tratarlos mal, simplemente no me siento bien para hacer vida de famoso.

Después de unos largos minutos caminando, empecé a ver el lugar y fue inevitable pensar en la primera vez qué la traje acá.

– ¿A dónde me estás llevando Matute?– preguntó y yo le hice una seña para qué haga silencio.

– ¿Sabes escalar?– le pregunté y ella me miró confundida.

– ¿Escalar?– preguntó y yo asenti– no.

– Bueno, ahora vas a aprender– deje de caminar y le señale el portón.

– ¡¿Qué?!, ni loca, me voy a caer– yo negué y miré pará todos lados, asegurándome que no haya nadie mirando.

Empecé a trepar por el portón, no era muy alto, pero tampoco era tan bajó.

Cruce del otro lado y miré el piso, estaba cerca así que lo salte, ella me miraba atónita del otro lado.

perenne | trueno Historias para obsesionarse. Descúbrelo ahora