Cincuenta y uno.

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Se lo dije.

No sé cómo salió todo eso, tal vez mi corazón era un vaso que se derramó.

Las manos me sudan, mi corazón va a salir de su sitio y no sé a dónde mirar.

De repente me aprieta el cuello de la camiseta y siento que me voy a asfixiar.

Ella no habla, y a mí ya no me quedan palabras.

Esto no es un sueño, es una pesadilla. 

Siempre te améDonde viven las historias. Descúbrelo ahora