Cincuenta y nueve.

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Ella me conocía mejor que nadie, sabía lo que pasaba por mi mente antes de que yo lo dijera en palabras. Pasó sus dedos con delicadeza en mi frente adolorida, me miró con ternura, y finalmente lo hizo. Cerré mis ojos para sentir ese pequeño beso.

Se supone que iba a estar feliz.

Pero sentí dolor, porque ella fingía. Lo vi en sus ojos. Entre nosotros faltaba algo.

Siempre te améDonde viven las historias. Descúbrelo ahora