Cincuenta y cinco.

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—“Un hombre amargado se sentaba cada día en el café por donde su felicidad pasaba, la contemplaba a lo lejos porque tenía miedo que si se acercaba demasiado ella iba a irse, hasta que un día se dio cuenta que viendo de lejos seguía sintiéndose miserable”

Miré a mi mamá cruzada de brazos en la puerta de mi habitación.

—¿La buscó?

—No. La dejó ir sin saber que la felicidad esperaba cada día a que él cruzara la calle. La felicidad no va por ti, ella espera a que tú la busques.   

Siempre te améDonde viven las historias. Descúbrelo ahora