—¡Elena, baja a desayunar! –escucho una voz lejana. Tardo varios segundos en entender que era la voz de Lou. Venía del piso de abajo.
Parpadeo repetidamente para aclararme la vista. Me incorporo y veo a mi alrededor. El cristal de la ventana de mi habitación estaba húmedo. Debió estar lloviendo desde ayer en la noche. La lluvia era algo a lo que todavía tenía que acostumbrarme.
Me levanto de la cama y me envuelvo en mi albornoz de algodón negro. Bajo por las escaleras y veo que Lou tiene preparado un desayuno más que decente. Había salido temprano en la mañana y había descubierto un pequeño supermercado a tres minutos de aquí.
—¿Qué hora es? –le pregunto mientras camino hacia ella.
—Poco más de las diez –repone—. ¿tienes hambre? –pregunta haciendo un gesto con su mano ofreciéndome todo lo que había preparado. Huevos revueltos con salchicha, zumo de naranja, frutas y tostadas con mermelada.
Sonrío y tomo un sorbo del zumo de naranja.
—Muero de hambre –le digo —. ¿Has traído el periódico? –pregunto luego.
—Tú debes ser la única persona que lee el periódico hoy en día –se burla.
Me río.
—No tengo Twitter por si lo olvidas –le digo.
—Usa el mío –me dice ofreciéndome su móvil.
Me siento en el sofá y entro en Twitter desde la cuenta de Lou, no sin revisar antes a alguna de las cuentas que seguía.
—¿Sigues una página llamada "horóscopo diario"? —le pregunto.
—Por supuesto, así sé cuándo tendré un buen día —dice mientras da un mordisco a una manzana —. Te leeré el tuyo, dame el móvil —me pide.—Yo no creo en el horóscopo —repongo.
—Dime el día de tu cumpleaños—pregunta, ignorando por completo mi opinión sobre astrología.
—Es el doce de diciembre.
—Eres sagitario... —dice en voz baja sin apartar la vista de la pantalla— ¡ajá! Tengo la predicción de tu semana—exclama de repente.
La miro con cansancio.
—Sagitario, esta semana traerá nuevas emociones para ti. Un amor inconcluso volverá a tocar tu puerta —Al decir lo último me guiña el ojo —. Tienes que decidir entre soltar el pasado o agarrarte a él.
Alzo una ceja.
—La mala noticia es que el amor inconcluso podria ser también la lunática —se ríe.
Frunzo el ceño. Rebecca era un tema del que no quería hablar. Me ponía particularmente nerviosa.
Continué hurgando enTwitter en lo que Lou terminaba de preparar el café y me dio tiempo de enterarme de las noticias más importantes del mundo y, por supuesto, también de las menos importantes, pero que, por alguna razón, se habían hecho virales.
Lou trajo una bandeja con todo lo que había preparado y la dejó en la mesita de la sala.
Nos acomodamos frente al pequeño banquete y entonces, escuchamos el timbre de la casa.
Lou y yo nos miramos con extrañeza al unísono. Yo me acababa de mudar ayer y no era posible que nadie supiera mi dirección.
Luego de cinco segundos de silencio, Lou se levanta del sofá con un gesto diferente. Como si ahora supiera exactamente quién era. Y no era de su agrado.
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El diario de Elena (Parte II)
RomantikLuego de la boda de Amelia, Elena se marcha para intentar reconstruir su vida. Sumida en un abismo y sin saber qué rumbo tomar, vuelve a encontrarse con su hermano Christopher, quien le abrirá la puerta hacia un destino inesperado.