Cuando despertó, Rose tenía la cabeza apoyada en el pecho de Steven. El la estaba observando dormir, como lo había hecho ella. Steven le beso la cabeza a Rose y le dedico una leve sonrisa.
-Estaré aquí para cuidarte, Rose. -murmuro y Rose supo que no había nadie más en su vida que pudiera cuidarla. Hacerla sentir tan viva desde hace tiempo. Él tenía lo que Rose evitó por mucho tiempo. Y él, estaba dispuesto a dárselo aunque ella se negará.
-Jamás me dejes, aunque te lo ruegue. Jamás me escuches. Por favor -musitó Rose y escondió el rostro en el pecho de Steven, él la abrazo con fuerza y cerro los ojos. Tenía miedo de que ella se disipara como la neblina por las mañanas.
-No lo haría. No podría, Rose; eres lo que necesito - Rose sintió como él le levanto la cabeza lentamente para que lo mirará. Ella percibió esa paz en los ojos de él, en su propio cuerpo, que solo puedes sentir cuando duermes, cuando ningún mal sueño te atormenta, ni la realidad te sobre pasa. Ambos sentían paz uno junto al otro. - Intente hace lo posible por olvidarte, por creer que no me necesitabas. Pero estaba equivocado, yo te necesitaba tanto como tu me necesitabas. Estamos tan rotos, destrozados me atrevería a decir que ambos logramos formar uno. Ambos sanamos nuestras heridas, haciendo que se formen cicatrices que con el tiempo, ambos haremos que desaparezcan para siempre.
Rose sabía que no tenía nada que decir, no quería decir más nada tampoco. Solo quería limitarse abrazarlo, y sentirse completa junto a él. Rose se volvió a atrever a besarlo. Sus labios se sumieron en un dulce beso, si prestabas la suficiente atención en estas dos almas rotas y destrozadas como había dicho Steven. Podías ver como se iban sanando.
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