Las lágrimas en el rostro de Rose comenzaron a caer. Se podía escuchar como ese corazón que comenzaba a sanar, se volvía a partir. Ella no podía soportarlo más, esa no era ella, él pretendía conocerla pero solo intentaba que ella no decayera de nuevo.
Se sentó en el patio con una copa de vino mientras movía el vino en la copa, pensaba que solo si él logrará dejarla, ella no tendría remordimientos si quisiera volver a su vida, ella no le debía nada, él no tenía porque esperar nada de ella. Jamás tendría que haberlo esperado. Ella era como un huracán, arrasaba con todo a su lado, no lo merecía. Pero ella estaba equivocada, nadie merece a nadie, se trata de un acuerdo mutuo, es atracción. Eso era lo que ellos querían creer, estaban tan rotos como para creer que todas las piezas rotas pueden juntarse de nuevo.
Ella lloraba por lo que le causaría, mientras que él bebía para poder seguir ocultando lo que era en realidad.
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