Insertó la llave en la cerradura de la puerta de su apartamento y sintió el pequeño chasquido del pestillo moviéndose dentro del mecanismo. La abrió suavemente mientras el reconocible aroma floral, de los perfumantes que disfrutaba usar, inundaba sus fosas nasales.
La entrada se encontraba completamente iluminada por las luces del mediodía se discurrían entres las blancas cortinas de la amplia ventana frente a la puerta principal.
Al fin había llegado a su hogar tras una mañana cuando menos caótica. No solo la habían llamado temprano para asistir y revisar las escenas de aquella masacre en el hospital y para peor la habían interrumpido hasta que llegara el encargado superior del manejo del caso, perteneciente a la bien conocida (no necesariamente por buenas razones) “Unidad de crímenes violentos”. El hombre que había llegado, porque al menos en privado se negaba a llamarlo “agente”, era desaliñado y podría jurar que su aliento le apestaba a alcohol, aunque esto último lo procesó un tiempo después de que este se hubiera marchado. Una suerte sin duda, considerando que eso solo habría hecho aún mas difícil la tarea de mantener la obligatoria cordialidad en frente a sus superiores.
Pero había algo innegable, su presencia fácilmente menospreciable en cualquier otro contexto, adquiere una carga amenazante cuando se desvelaba quien era en realidad y no solo por la reacción que provocó en el capitán, sino que había algo más, una sensación profunda, una reacción casi visceral ante su presencia. No recordaba haber sentido nunca nada así proveniente de otra persona. Se sentía como estar cara a cara con un animal salvaje que se encontrara a punto de lanzarse al ataque, alguien de quien en lo profundo de su ser reconocía que debía huir, aunque no podía precisar exactamente el porqué.
Dió un largo suspiro, le parecía casi chistoso haber dedicado tanto espacio y tiempo en sus pensamiento a aquel vagabundo que jugaba a ser policía.
Se dirigió hacia su cuarto dando tumbos mientras se iba quitando los zapatos, a cada paso que daba, podía sentir el silencioso agradecer de sus pies al finalmente haber sido liberados. A su alrededor todo estaba limpio y ordenado ese día, una verdadera fortuna ya que no tenía ánimos de dedicarse a limpiar
Se quitó su aburrido atuendo y se puso un par de zapatillas deportivas y ropa informal. Miró la camisa y el pantalón negro desplegados sobre la cama, se sentía embargada por una fuerte inquietud, algo en su cabeza parecía estarla empujando a hacer algo, no sabía qué, pero le instaba a moverse, como si el quedarse en su apartamento fuera una mala idea.
Salió a la sala principal, sobre la pequeña mesa de madera descansaban los reportes que debía completar antes de que el caso se derivara definitivamente a la U.C.V, un bostezo surgió solo de pensarlo. Miró hacia la cocina, su estómago dio un leve rugido, avanzó hacia adelante, dispuesta a prepararse algo de comer cuando un pensamiento repentino la frenó en seco “¿Y si mejor salgo a comer en algún sitio?”
Descolgó una chamarra que estaba colgada en el perchero junto a la puerta, abrió y salió apresurada sin ni siquiera molestarse en cerrar con llave.
Bajó las escaleras con prisa, de alguna forma ella se movía y aquella intención de salir a buscar algo de comer le era propia, pero sentía que algo dentro suyo había metido esa idea de forma abrupta y que ahora esa misma fuerza la llevaba a toda prisa hacia la salida de su edificio.
Pero eso era ridículo, solo ella era dueña de sus acciones ¿verdad?
Una vez fuera, el bullicio de la ciudad la golpeó de repente, caminó tranquila en dirección a su restaurante favorito, que estaba a un par de calles de distancia.
Mientras avanzaba sin prestar demasiada atención a su alrededor, sintió a lo lejos detrás de ella unos golpes en el aire, como si se tratara de una enorme criatura que surcaba los cielos mediante un fuerte aleteo.
La inundó una sensación de alerta sin ninguna razón y comenzó a correr en plena vereda, ahora si estando segura de que no era ella quien controlaba sus propias piernas.Los golpes de su hacha contra la madera se transmitían hacia todo su cuerpo a través de su brazo, uno tras otro, sentía como el dolor iba incrementando tras cada descarga, pero él continuaba golpeando, una y otra vez, sin pausa.
Sentía el crujir de la madera bajo el acero y podía ver como el robusto árbol se hacía añicos en una sola dirección, marcada por sus golpes.
Tras un par de minutos, escuchó chirriar toda la estructura y con un feroz grito que pareció rasgar sus pulmones, dió un último hachazo mas fuerte que los anteriores, retiró la herramienta justo antes de que el pesado tronco se precipitara en seco contra el suelo nevado.
Alzó la vista de su violenta hazaña en dirección a una alta figura encapuchada que lo observaba, no podía verse su rostro y todo su cuerpo, alargado y muy alto avanzaba lento en su dirección cubierto por una gruesa túnica negra.
Sus pies, ocultos bajo la tela hacían crujir la nieve, dejando amplias huellas de largos dedos.
Se detuvo mientras él seguía golpeando el árbol caído en un intento por separar trozos mas pequeños que pudiera usar como leña.Hemos descubierto a una, parecía que las habían extinto, pero una apareció- el hombre larguirucho hablaba casi en susurros y parecía levemente emocionado.
Se enderezó y lo miró hacia donde se suponía tendría que estar su rostro.Nunca se puede eliminar el total de algo, pues incluso en las cenizas alguna pequeña brasa agoniza- su voz sonó seca por el frío.
El encapuchado pareció asentir lentamente mientras se daba la vuelta dispuesto a alejarse.Ya envié a alguien a que vaya en su busca- dió un suspiro- me alegra haber salvado a dos en un un tiempo tan corto- a pesar de sus palabras, su tono fue mas semejante a la preocupación.
Habiéndose marchado tan rápido como había llegado, el hombre de negro lo había dejado solo otra vez.
Se masajeó con su brazo derecho el muñón a la altura del hombro izquierdo e inmediatamente volvió a su tarea. Aunque esta vez, su mente se mantuvo ocupada por los recuerdos que acudían a él en oleadas
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Entre Fuego y Sangre
FantasyUn mundo en que la humanidad se ha perdido y enfrenta un enemigo que desea limpiarlo, pocos son quienes podrían defender lo que queda. La pregunta es... ¿Serán lo suficientemente fuertes? ¿Sus almas rotas podrán soportar el peso de la verdad? ¿Los c...