Capítulo 9

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Calix Russo

  Días, totalmente desesperantes, Gianna ahora se va a la universidad con Roman, ¿Qué  significa? Significa que esta molesta y no me necesita, justo ahora  no soy algo importante  y menos la investigación  o los diarios.

Lo único  que le importa es: Roman.

Hace unos días  regreso dando brincos de la felicidad, estábamos  simplemente  almorzando y pues ella dio que era la mejor  situación  para decirnos que  al fin eran novios,  Guilio no parecía  ni feliz ni molesto, pero  Roman tampoco es Santo de su devoción.

Y pues yo solo lo toleré, no   puedo mandar en su vida, si ella es feliz con él... bien; pero  mierda... cuanto duele.

Giardino di Boboli ahora se miraba tan lejano Gianna  siempre lo proponía, pero estaba bien porque creo que tengo algo.

Volví a leer aquél  libro  intentando encontrar algo.

   La hija de  aquel comediante   vomitaba los chocolates que se le daban, pero cuando los recibía, se los comía con desesperación mientras su padre la grababa  y la relacionaba con un cerdito, y era la base de muchos de sus chistes.

Mierda es jodidamente perturbador, y lo peor es que creo saber de quien habla el libro, creo saber quienes son los Rozovo pero solo es una teoría  basada en...

La pequeña Marian y su  Bulimia...

Debo investigar más a fondo, debo ir a Boboli, así  que, tome mi auto sin pensarlo dos veces fui a la universidad de Gianna, ya era hora de salida, así  que al llegar me adentre y busqué  a Gianna, al encontrarla tomé su mochila y tomé  su mano sacándola de ahí, se notaba confundida y era entendible.

   —Calix ¿Qué pasa? ¿No se supone que ahora Román  me lleva? Suéltame —

Ignoré  sus palabras  e intentaba  estar tranquilo.

Si los Dupont eran los Rozovo... Gianna estaba en peligro, Román  seria él  hombre que aprendió  a pegarle a las mujeres...

Cuándo  llegamos al auto le abrí la puerta y solté  su mano.

—Entra—

—No, no hasta que me digas ¿Qué carajo te pasa?—

—Me pasa que  necesito que entres al auto y  vayamos a  Giardino di Boboli—

Ella se paro frente  a mi viéndome fijamente de forma desafiante.

—¿Qué pasa si no voy?—

Mordí la punta de mi lengua a un lado y vi hacía  otro lado para luego bajar mi mirada viéndola  fijamente, y acercarme demasiado, mi paciencia tiene un límite.

—Lo harás, Créeme—

Ella me miraba con las mejillas  sonrojadas y los labios entreabiertos, quería  decir algo pero en vez  de eso me empujó. A lo cuál tome sus muñecas sobre su cabeza e inmovilizándola contra el auto.

Seduciendo un MisterioHistorias para obsesionarse. Descúbrelo ahora