Capitulo 3

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—¿Estás bien? —pregunta Max al sentarse a mi lado. Su voz suena lejana, como si viniera desde detrás de un cristal empañado. Me ofrece un café; doy tres tragos que no logro saborear.

—Has estado distraída todo el día —añade, estudiándome con esos ojos que siempre creen verme mejor de lo que soy.

—Estoy bien... solo tengo demasiadas cosas en la cabeza.

—¿Y esas cosas son? —insiste, suave.

Lo miro y niego. No puedo. No debo.

—Sabes que puedes confiar en mí.

—Lo sé, Max... pero no es nada serio. Solo no quiero hablar de eso.

Él sonríe, a punto de decir algo, pero su teléfono interrumpe el momento.

—Dame un segundo, es mi madre —se levanta y se aleja para contestar.

El silencio cae de golpe, y con él, el recuerdo. Ayer.
Como si mi cerebro se empeñara en sabotearme, a pesar de mis intentos por encerrarlo bajo llave.

El camino a casa fue rápido. Pasé la mañana con Megan, intentando distraerme, intentar olvidarme del peso invisible que me seguía desde hace días.

Pero al entrar, me encontré con mi madre corriendo de un lado a otro, como si la casa estuviera a punto de inspección. Mi padre en la cocina, moviendo tres ollas a la vez. Todo parecía más... ruidoso.

—Okey, ¿qué está pasando aquí? —pregunté, sujetando a mamá por los brazos cuando su energía empezó a marearme.

—Cariño, olvidé contarte —empezó con ese tono ligero que siempre usa antes de soltar una bomba—. ¿Recuerdas que te hablé de Ani, mi compañera? Pues su hijo volvió a la ciudad y los invité a cenar. Será agradable, así podrán conocerse.

Perfecto. Otro desconocido. Justo lo que necesitaba.

Subí a mi habitación a cambiarme, pero la cama me llamó con fuerza casi enfermiza. Quise tirarme en ella, desaparecer unos segundos, pero me obligué a moverme. Ducha, ropa limpia, respiración controlada.

Bajé a ayudar a papá y arreglé la mesa, luchando contra la sensación de estar viviendo todo desde fuera de mi cuerpo.

Cuando sonó el timbre, di un paso hacia la puerta, pero mamá se adelantó, casi saltando de emoción.
Las voces saludaron. Primero entró Ani... y luego él.

El chico.
El de los ojos grises.
El del pasillo.
El de la otra noche.

Mi corazón se detuvo. Su mirada atrapó la mía y sentí —otra vez— ese golpe de familiaridad que no tenía derecho a existir... esa opresión en el pecho que me sugería un recuerdo que no debería estar allí.

Durante la cena apenas probé la comida. Él no dejaba de mirarme. Ni una palabra, ni un gesto. Solo esa mirada silenciosa y afilada que parecía querer diseccionarme.

—Ale —mamá rompió la tensión—, ¿por qué no llevas a Lucian al patio? Así hablan y se conocen mejor.

¿Lucian?
Claro. Él. Por supuesto.

Tragué aire y salí sin esperar si me seguía. Necesitaba espacio. Luz. Oxígeno.

—¿Puedo sentarme, Alexandra? —preguntó cuando llegó, pronunciando mi nombre como si lo hubiera dicho miles de veces.

La pregunta que me había perseguido todo el día salió antes de que pudiera frenarme:

—¿Te conozco?

Él me recorrió con la mirada. Suspira. Se sienta.

—Sabes... es de mala educación responder una pregunta con otra —dice con cinismo, como si esto fuera un juego.

El calor subió a mi rostro.

—¡Oye! No me cambies el tema. ¿Nos conocemos?

Silencio. Y después, una sombra de sonrisa.

Irritada, me levanté para irme, pero no alcancé ni dos pasos cuando su brazo se alzó y me acorraló contra la pared.

—¿Qué haces? —exclamé, helándome.

—No me diste tiempo para responder —su voz bajó una octava—. Estás nerviosa.

Sus labios se acercaron tanto que sentí su respiración.

—Me gusta —susurró.

Retrocedí.

—No es cierto.

—No mientas —dijo, gélido, antes de marcharse sin mirar atrás.

—Ale —una mano sobre mi hombro me arranca del recuerdo. Max ha vuelto—. ¿Entonces estás bien?

—¿Eh? —parpadeo, desorientada.

—Mi mamá me necesita. Tengo que irme. ¿Estás bien?

—Sí. Estoy bien.

Mentira. Mentira. Mentira.

Me besa la frente y se va. Ni siquiera puedo sostener su mirada.

Mi móvil vibra. Mensaje de Megan:

"Fiesta hoy a las 11 pm. Te veo en tu casa. Besos."

Cierro los ojos. Suspiro.

Esta noche...
será larga.
Muy larga.

Y todo en mí sabe que Lucian no ha terminado conmigo.

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