Llevo días sin saber nada de Lucian, ni de Max, quien por cierto está súper raro últimamente. Me preocuparía si no fueran por todas las cosas extrañas que me han pasado estos últimos días. Al principio intenté descartar la idea de tener un acosador, diciéndome que mi mente solo me jugaba una mala pasada, pero cuando mis cosas empezaron a desaparecer, terminé sacando mis propias conclusiones. ¿Quién podía ser? Ni idea. No encontraba razones suficientes para desconfiar de alguien, y tampoco lograba imaginar que un loco estuviera siguiendo cada uno de mis movimientos.
Sentí un alivio enorme al comprobar que quizá no era nada tan terrible; cualquier cosa era mejor que los pensamientos que se le cruzaban a mi madre. Todo era mucho mejor que eso.
Mi mente volvió a la realidad cuando sonó mi teléfono. Era Max:
Max: Lo siento amor, hoy no puedo quedar contigo, estoy ocupado con su madre y sus cosas. Te amo. Adiós.
Otra vez cancelando. Ya apenas nos veíamos, y cuando lo hacíamos siempre recibía llamadas de su madre, diciendo que era urgente. Me preocupa que tenga algún problema, pero cada vez que intento hablar con él, desvía el tema y me asegura que todo está bien.
Apagué el móvil y cerré los ojos. No tenía muchas ganas de salir; me había pasado todo el día en la cama pensando en el acosador y otras cosas. Días así son de esos en los que levantarse de la cama parece más difícil que saltar de un precipicio.
Un nuevo mensaje interrumpió mi pereza: Megan.
Megan: Fiesta en casa de Marco mañana, tienes que venir. Tengo ganas de emborracharme.
Ale: ¿No que no ibas a volver a beber?
Megan: Es una fiesta, y en casa de Marco, sus fiestas son las mejores, es imposible no ir y no beber.
Ale: Para ti es imposible no beber en cualquier fiesta, Meg.
Megan: ¿Entonces te paso a buscar mañana?
Ale: Mis padres no me dejarán ir después de la última vez.
Miento, no es que mis padres se opongan, solo que no me apetecía estar rodeada de mucha gente en estas condiciones.
Megan: Vamos, por favor, convéncelos por mí.
Sonreí al imaginar a Megan haciendo un puchero frente al teléfono.
Ale: Para que después me dejes por tu ex.
Megan: Me vas a sacar eso toda la vida, ¿cierto?
Ale: Toda la vida.
Megan: ¿En serio te vas a perder esta fiesta?
Ale: Sí, será la próxima.
Apagué el móvil y volví a recostarme, decidida a dormir y desconectar. Pero como siempre, la noche tenía sus propios planes. Un ruido me despertó. Mi estómago rugía, suplicando por comida. Bajé a la cocina y, para mi suerte, ahí estaba un plato de lasaña que mamá había dejado antes de irse al hospital.
No soy amante de la comida, pero la lasaña de mamá es otra historia: perfecta, con su sabor, textura e ingredientes únicos. La calenté y me la devoré en minutos. Después de limpiar la cocina, me senté en el sofá, decidida a ver alguna película: The Kissing Booth o La boda de mi ex. Me decidí por la primera y estaba justo en la escena del beso entre Noah y Elle cuando, pum, se fue la luz.
—¡No otra vez! —susurré.
—¿Hay alguien ahí? —pregunté al escuchar un golpe.
Tock... tock...
Suspiré de alivio. Era la puerta. Abrí con cuidado y no había nadie. Repetí el recorrido un par de veces, pero todo seguía vacío. Mi corazón latía rápido, hasta que escuché una voz familiar:
—Hola Ale —era papá, entrando con cara de asombro—. ¿Por qué todo está oscuro?
Explicarle la situación me calmó, y pronto la luz volvió. Subí a mi cuarto y me acomodé, aún pensando en todo lo que había pasado. Aun así, no pude quitarme la sensación de ser observada; el recuerdo de sombras moviéndose detrás de la ventana seguía allí, insistente.
A la mañana siguiente, llegué tarde a la escuela. El susto de la noche anterior me había dejado con sueño, y el despertador parecía haberse olvidado de mí. Entré por la puerta trasera del aula, evitando las miradas reprobatorias de la profesora y me senté en una esquina, intentando poner atención.
Durante el almuerzo, busqué un lugar tranquilo en el patio y terminé bajo un árbol lleno de orquídeas, cerrando un poco los ojos para descansar.
Para mi sorpresa, alguien ya estaba allí: Lucian. Me miraba fijamente. Intenté levantarme para dejarlo solo, pero me agarró del brazo.
—Quédate —pidió, y fruncí el ceño ante sus palabras.
—¿Estás siendo amable? —pregunté, y me di cuenta de que no iba a mencionar lo que había leído en sus documentos.
Se encogió de hombros. —No le doy importancia. Solo son papeles viejos.
Asentí y sonreí. Por primera vez en mucho tiempo, hablamos como personas normales, como amigos, como si nunca nos hubiéramos llevado mal. Aun así, mientras reíamos, no pude evitar echar un vistazo a la calle, donde las sombras parecían moverse de forma extraña, y un escalofrío me recorrió la espalda. El instinto me decía que la sensación de ser observada no había desaparecido del todo.
—Hoy otra vez llegaste tarde —comentó.
—Me quedé dormida —respondí, sin dar más detalles.
Pasamos la tarde conversando, riendo y compartiendo pequeñas historias, sin ningún misterio evidente, solo el simple placer de una tarde tranquila. Pero en el fondo, mi mente sabía que los últimos días habían cambiado algo: Lucian no era solo el chico arrogante del aula, y yo no era la misma Ale que corría sola por la calle.
—Oye —empecé, rompiendo un silencio cómodo—, ¿siempre te sientas bajo un árbol lleno de flores para intimidar a la gente o solo hoy es especial?
Lucian arqueó una ceja y soltó una pequeña risa. —¿Intimidar? Yo no... ¿Intimidar? —bromeó—. Ok, tal vez un poco. Pero solo a quienes se atreven a sentarse frente a mí sin saludar correctamente.
—¿Ah, entonces yo soy una víctima? —le devolví con una sonrisa traviesa.
—Definitivamente. —Se encogió de hombros—. Pero debes admitirlo: eres valiente. O un poco loca, no estoy seguro.
—Lógica impecable, como siempre, Lucian —le respondí—. La valentía y la locura siempre van de la mano, ¿no lo sabías?
Se rió de nuevo y sacudió la cabeza. Me gustaba cómo pequeñas cosas como esto hacían que su lado serio desapareciera un poco. Pero aun así, en el fondo, no pude evitar pensar en las veces que me había seguido, en la carpeta que había visto y en la sensación persistente de que alguien más estaba moviendo los hilos.
—Entonces... ¿estamos en una película indie ahora? —preguntó, haciendo un gesto con las manos como si dirigiera la escena—. ¿Cuál es nuestro papel?
—Yo soy la heroína que sobrevive a todos los líos y misterios que la vida le lanza —dije dramatizando, y él se rió—. Y tú... eres el tipo que parece insoportable, pero en realidad tiene corazón de oro.
—Genial. Ya me gusta mi papel —dijo con una sonrisa, y por un momento todo parecía normal. Pero sabía que lo extraño no había terminado; la sensación persistente de ser observada me recordaba que la historia aún no había revelado todos sus secretos.
Nos quedamos un rato así, intercambiando bromas, imitaciones y pequeñas historias ridículas sobre la escuela y compañeros. Entre carcajadas, la tarde se volvió ligera y tranquila, y mientras hablaba con Lucian, todo se sentía sorprendentemente cómodo, casi familiar. Pero en algún rincón de mi mente, una voz insistente me recordaba: esto es solo un respiro; lo real todavía está por llegar.
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In the Dark
Fiksi RemajaLa vida de Alexandra estaba tejida de secretos, secretos por los que daría todo, incluso su propia vida. Debía protegerlos con tal intensidad que nadie pudiera descubrirlos. Hasta que llegó aquel día: el día en que decidió dejar atrás su antigua vid...
