—¿Dónde está mi pantalón? — Busqué desesperada por cada rincón de mi dormitorio. —¡Maldición, llegaré tarde! — Salí a dar una rápida mirada a la sala principal y allí estaba en medio del piso. Me los puse rápidamente y volví por mi celular y mi mochila. —Oye... — le susurré para despertarla con cuidado. — Ya me voy, llego tarde a clases. — No contestó. —Te veo allá.
La primera clase fue una tortura. El señor Ponce era tan aburrido y lento para hablar y yo apenas había dormido tres horas, por lo que escasamente pude captar algo de lo que hablaba. Decidí saltarme la siguiente clase. Ya me pondría al día, de todas formas me iba muy bien.
Me fui a desayunar algo al patio principal del campus el cual estaba algo despejado por la hora. Me senté cómoda a devorar mi sandwich cuando la vi a lo lejos. Sonreí al instante. Se veía hermosa. Me iba a acercar a ella, pero en cambio, me tocó presenciar algo habitual este último mes. Lisandro era un chico de origen italiano que pese a no pertenecer al equipo de futbol, ni a ningún otro deporte, ni tampoco destacar por su aspecto físico, atraía a muchas chicas de la universidad. ¿Qué era aquello que les gustaba de él? A mí parecer no tenía nada bueno, quizás sólo que tocaba bien el bajo, nada más. Sin embargo, aquel muchacho era quien tenía toda la atención de Camz y coqueteaban sin ningún disimulo.
Aquello no me gustó, ni tampoco me gustó el acercamiento que tuvieron la semana pasada en una fiesta. Mi estómago se retorcía tan solo con pensar que entre ellos pudo haber pasado algo más.
Habiendo perdido por completo el apetito me levanté, cogí mis cosas y fui a la parte más alejada del campus, la parte más alejada de ellos.
—¡Culona! ¿no entraste a clase?.
—No jodas. — Contesté de mala manera sin levantar la mirada.
—¿Qué pasó? — Preguntó Sophia, ahora con un tono preocupado.
—Nada, sólo... me duele la cabeza. Anoche bebí y no me hizo nada bien. — mentí.
—¿Y desde cuando el alcohol te hace mal?
—Desde que dejé de beber tan seguido. Como sea, ¿Qué haces tú aquí?
—Me suspendieron la clase. — Genial, eso significaba que a Camila también, y eso a la vez significaba que estaría más tiempo con el intento de italiano.
—¿Nos vamos?
—¿A dónde?
—Donde sea, no me importa. Donde tú quieras.
—Tienes dos clases más.
—¿Vamos o no? — Pregunté levantándome sabiendo que me seguiría.
El resto del día lo pasamos en la playa. Nos acostamos en la arena, compartimos los auriculares y nos dedicamos a relajarnos y disfrutar del buen clima. Los llamados y mensaje de Camila interrumpieron muchas veces la música y mi tranquilidad, pero no atendí. Quería escapar de ella en mis pensamientos, pero no dejaba de insistir, por lo que Sophia puso música desde su celular.
No quería pensar, no quería enfrentar esto. Quizás si lo evitaba por un tiempo podría sacarlo de mí.
—No creo que sea buena idea. —Dijo Sophia al entrar conmigo en el departamento.
—Claro que sí, no te preocupes. — Ya era tarde. Lo más probable es que Camila estuviese durmiendo.
—Se va a molestar si me ve.
—¿Por qué se molestaría? este sitio es compartido.
—Lauren, tú sabes que a ella no le gusta que nadie venga. Solo tú y ella, nadie más.
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Relatos CAMREN
FanfictionIré publicando un serie de Breves relatos Carmen. Espero lo disfruten. 😉
