Taxi

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Salí apresurada del edificio y mientras cerraba mi gran abrigo, buscaba con la mirada algún taxi libre.

Me acerqué más a la vía y alcé mi brazo. El tráfico estaba horrible. Por supuesto, New York en un viernes por la noche.

Demoré varios minutos en conseguir un taxi libre, y di gracias porque lograría llegar a tiempo a mi destino, pero al momento de subir alguien se me adelantó haciéndome quedar desconcertada. Yo aún sostenía la puerta abierta.

—Si quieres podemos compartir. —dijo con descaro y quise golpear algo.

—No, este era mi taxi. — Dije con un firme.

—Era. ¿Te subes o no? Tengo algo de atraso. — Agh! que persona más desagradable. Miré la hora en mi celular debía llegar a aquel lugar en menos de una hora.

—Que más da. — Me subí y cerré con fuerza la puerta. Ni siquiera me atreví a mirar al conductor.

—Que ruda, me gusta.

—Derecho hasta la 57 — avisé.

—¿Como te llamas? — No contesté. — Guapa, te hice una pregunta...

—¿Dónde va usted señor? — Escuché su voz y alcé mi mirada. Vi aquellos ojos por el retrovisor y por alguna tonta razón había dado por hecho que el conductor era un hombre, pero no, era una joven y bella mujer, aunque su mirada era seria y estaba fija en el chico que iba a mi lado. —¿Señor? — Giré mi cabeza para verlo, mientras él me miraba con descaro.

—Voy hasta Murray Hill —Dijo sin dejar de mirarme. — Soy David Schwarzman, un placer.

—Por supuesto — Murmuré sin poder evitarlo y puse mis ojos en blanco, volteando a ver por la ventana. Solo alguien con ese apellido podía ser así de engreído.

Cuando el taxi giró en una esquina abrí en grande mis ojos y miré a aquella chica. Yo iba derecho a la 57, dije en mi mente.

—Iré a dejar al señor Schwarzman  primero, si le parece bien. — Posó su mirada en mí por un par de segundos y me perdí en aquellas tonalidades verdes que cambiaban según las luces de la ciudad.

Asentí sintiendo que lo hacía para ayudarme y librarme de este acosador. Él sonrió con orgullo, seguramente pensando que su apellido había influido.

Tuve que aguantar algunas preguntas más por su parte, algunas inapropiadas, como si tenía con quien pasar la noche, Dios. Afortunadamente llegamos a su destino más rápido de lo que esperaba, pero todo fue gracias a la taxista, porque pude notar como buscaba constantemente las rutas menos transitadas.

—Buenas noches, muchas gracias. —Dijo dandole dinero de más a la chica y luego volteó a verme. —Tu te lo pierdes, preciosa.

Esperé a que cerrara la puerta y me pude relajar.

—Idiota. — Dije en voz alta y busqué su mirada en el retrovisor. Ella sonreía. —Gracias por eso.

Hizo un movimiento con la cabeza y regresó su atención al tráfico, pero yo no pude quitar mi ojos de ella. Era muy guapa y muy joven. ¿Por qué se dedicaría a ser taxista? De seguro podía ser modelo. Tenía unos labios gruesos  y una nariz muy linda, ni hablar de sus ojos. Además sus cejas me encantaron.

Bajé mi mirada a su cuerpo. Alcanzaba a ver su brazo, el cual se veía muy bien trabajado y...

La escuché toser y al alzar mi mirada la encontré alzando una ceja mientras me miraba divertida.

—¿También eres de los Schwarzman? — Me sonrojé como nunca antes. Mi cara ardía.

¡Que vergüenza!

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