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Aquí yacen los restos de lo que alguna vez fuí yo. O lo que se supone es que soy yo, o lo que se supone debería ser lo que siento. Los restos de cada golpe y fractura que dejó la marea salada e invisible, siendo los cimientos más profundos de mi inigualable belleza los que tocan la luz opaca del desastre horripilante.

Tendidos uno a uno, quienes antes eran todo, ahora son varios. Que cuando más jure no dejaría a las nuevas acciones corromper la pureza que ya había logrado corromperse más de una vez, cayó en un oscuro degradado contando nuevamente para determinar en qué parte será puesta.

Lamentandome caigo rendido en el suelo de nubes, quienes me acompañan en mi cambio de color y se tornan grises cada que van escuchando mis susurros, y cada que escuchan más grandes se hacen. No es hasta que los gritos de la mente caótica apagan en agonía y totalmente mi voz para tomarla; para gritar todo lo que tomé. Para gritar todo lo que no pude ser.

Ahí mi cofre secreto no es si quiera abierto, es destrozado, empezando con un par de estruendosos pliegues en las partes más somníferas, más aturdidoras, y continúa abriéndose abruptamente hasta dejar al descubierto la parte más importante de su ser: las espinas que lo entrelazan, que lo unen. Es como la rosa más hermosa, cuya belleza pareciera carecer debido a tantas puntas de sangre.
Rosa que me recuerda a otra, con historia similar a esta, esa que se dejó domesticar y terminó también llorando un poco por haberse dejado hacerlo.

El primer acto para corregir a la rosa es cruel, dolorosa y molesta, la parte más difícil, pero la más necesaria. Acto en que la angustia debe ser retirada de raíz, se deben cortar todas las espinas.
Claro no será sencillo, pues habrá pinchazos, roces que dejen cicatriz y en casos peculiares algún charco pequeño de sangre. Todo es válido con tal de saber cómo desaparecerlo.

Acto seguido se llega a la depuración, otra gran batalla, aunque a su vez también suele ser sencilla, sin embargo, sencillo no es fácil. Mi manera de hacerlo más fácil es tomar las espinas y hacerlas una corona, que la mente sea torturada y tome odio por tantas espinas, odio injusto, sí, odio del cuál suelen saber, no. Hasta que parezca un cuadro de arte hecho con sangre real se sabrá que tanto se ha avanzado, o qué tanto se ha lastimado más. Será ahí cuando se tendrá pizca alguna de paz, que cabe aclarar, jamás suele ser la paz necesaria para todos esos casos.

Necesaria la sinceridad de todos los silencios ruidosos se sabía existían, decidiendo todos juntos anularla como si ese fuese el maldito punto siempre, callan tan duro y a tal grado que ya no es necesario tratar de ocultar pues el zumbido advierte rompiendo los dulces sueños dejando caer encimadas las pesadillas más oscuras. Llegado eso es cuando justo en frente de mí, la ilusión, la decepción, el juego de perder o perder se convierte en mi juego favorito, mi peatón y patrón es siempre el mismo, el tímido, el risueño, el cariñoso, el lujurioso, y cae el inseguro, al que le quitan todo así sin más.

Siempre me he preguntado qué hago mal para perder cada que intento jugar, soy el tonto que al parecer no sabe las reglas, todo en mi cerebro es un beso feliz hasta que dan el beso de despedida. Es cuando sucede mi alocado ritual. Es cuando acompaño a la soledad, cuando duermo con ella, cuando la abrazo a ella. De principio parece ser linda y cautelosa, es agradable y de lo más sincera, de principio solamente.

No es hasta que te recuerda lo que añoras, todo aquello porque lloras, las verdades hirientes y te hace conciente de lo que anhelas aún cuando no estás seguro de quererlo realmente. La cosa es esa, que en el fondo uno realmente siempre quiere todo en lo que piensa, es la traición, son la traición, te hace pensar.
Cómo maldición mis emociones se sienten como una explosión, y es por eso que he preferido tantas veces mantener la línea sin cruzarla.

Maldito yo, jodido yo, que termino cruzando ya sea por razones ajenas a mí o simplemente por haber puesto el ojo en bailes prohibidos. Es repetitivo, es cansado.
Pero he de admitir que nada me cansa más que la idea que ha surgido de entre toda ceniza de toda espina concebida... Idea que narra una maldición real, al menos para mí, porque parece bendición para los demás.

Triste y patética idea de creer que una vez han pasado sobre mí, como por acto de magia encuentran su verdadero camino, la luz de su arcoíris. Cabizbajo siempre de entender solo era el relevo, la luz de la que hablo por parte mía inexistente ante sus ojos. Hiela mis arterias y baja mi temperatura, aniquila mi sentir y mis neuronas, entiendo al fin no estaban matando el tiempo conmigo, estaban matando su tiempo en mí.

Divinidad mía no sirve a sus demonios, advertí no ser bastante fuerte, más nadie a mí advirtió cómo hacerlo correctamente y eso, eso acompañado de algunas veces seguidas, con esperanza a no luchar contra los suburbios una vez más casi termina por tomarme, por tirarme al fondo y caer a brindar por cada uno de ellos.
No quiero que me tome, no quiero el fondo, no quiero brindar más.

Aquí yacen los restos de la manera incomprensible de las olas saladas e invisibles. Malas pues realmente duelen, dolieron, y no sé si dolerán.

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2.- Y yo

Verso 1:

Y si me encontré, fue para quedarme.
No me he vuelto a perder, pero una vez más casi lo hago.
Aunque si he vuelto aquí, sé que una vez más podré seguir.
Me pido perdón por todos, que es lo
que en realidad quisiera escuchar.
Y perdón a todos pido, por no dar lo suficiente para quedarse.

Pre - Coro:

Y es que siempre es así.
Me conocen por ser el puente a la felicidad.
Y me conocen por yo no encontrarla.

Coro:

Ya me pregunté cómo ser solitario, no es algo triste, solo es aterrador.
Ya me pregunté por qué siempre es así, no es algo triste, es algo que realmente lastima.

Verso 2:

Por 18 gloriosos años, mi camino se
ve así.
Sin tanta oscuridad, pero yo me clavo sobre ella.
Que cada que lo encuentro, se dispersa al cerrar los ojos un momento.
Me pido perdón a mi mismo, que aunque no lo vale, siempre doy lo mejor de mi.
Y perdón a ti te pido, por no ser lo que a ti te gusta.

Pre - Coro:

Y es que siempre es así.
Me conocen por ser el puente a la felicidad.
Y me conocen por yo no encontrarla.

Coro:

Ya me pregunté cómo ser solitario, no es algo triste, solo es aterrador.
Ya me pregunté por qué siempre es
así, no es algo triste, es algo que realmente lastima.

Bridge:

Cada vez se cambia, pero el resultado sigue siendo el mismo.
Un chico sosteniéndose a sí mismo.
Y sé pregunta por qué jamás es igual en ambas partes.
Pero sin todo encima deja de brillar.

Pre - Coro:

Y es que siempre es así.
Me conocen por ser el puente a la felicidad.
Y me conocen por yo no encontrarla.

Coro:

Ya me pregunté cómo ser solitario, no es algo triste, solo es aterrador.
Ya me pregunté por qué siempre es así, no es algo triste, es algo que realmente lastima.

De Vuelta A Mi SitioDonde viven las historias. Descúbrelo ahora