EPÍLOGO I

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'Para siempre empieza aquí'

Ally

Cinco años después, el cielo de Rota estaba tan azul que parecía que alguien lo había pintado solo para nosotros.

El viento del mar hacía bailar los velos y las flores blancas que decoraban la pequeña iglesia dentro de la Base Naval. Todo olía a azahar, a verano, a principio de algo nuevo. A nuestro principio.

Yo estaba frente al espejo, con el vestido más bonito que había llevado jamás. No porque fuera caro o perfecto, sino porque era el vestido que iba a usar para casarme con Matt Freeman.

— Estás preciosa —susurró Frasquita mientras me colocaba el velo.

— Estás lista —añadió Felicidad, con los ojos brillantes.

Y entonces apareció Cacu.

Mi abuelo.

— ¿Me concedes este honor? —me preguntó tendiéndome el brazo.

— Siempre.

Cuando las puertas de la iglesia se abrieron, lo vi.

Matt.

Llevaba su uniforme militar impecable. Alto, seguro, con esa mirada que solo era mía. Felicidad estaba a su lado, orgullosa, sosteniéndole el brazo.

Caminé hacia él con el corazón latiendo tan fuerte que casi podía oírlo por encima de la música.

— Hola, futura señora Freeman —susurró cuando llegué.

— Hola, mi amor.

La ceremonia fue íntima y perfecta.

— Matt Freeman —dijo el sacerdote—, ¿quieres a Ally Dauson López como tu esposa, para amarla, respetarla y acompañarla todos los días de tu vida?

Matt me miró como si yo fuera todo su mundo.

— Sí, quiero. Hoy y siempre.

— Ally Dauson López, ¿quieres a Matt Freeman como tu esposo?

— Sí, quiero —respondí con la voz temblando de emoción—. Lo elijo todos los días.

Cuando nos besamos, no fue solo un beso.

Fue el cierre de una historia que había empezado con miedo y había terminado con amor.

Después vino la fiesta.

Mesas largas, manteles blancos, centros de flores y el olor increíble de la comida: mariscos, carnes asadas, ensaladas frescas, vino frío y postres que parecían obras de arte.

Alejo y Emily brindaban como si no hubiera mañana. Lionel, Gray y Mathew no dejaban de hacer bromas. Los gemelos Gamarro se comieron tres platos cada uno.

El baile nupcial fue lento, romántico, solo Matt y yo bajo las luces.

— Te amo —susurró.

— Para siempre.

Luego llegaron los bailes con los amigos. Saltos, risas, zapatos en la mano, música alta.

Y cuando llegó la barra libre... el caos fue glorioso.

Gray acabó bailando encima de una silla. Lionel intentó ligar con una camarera y terminó confesando que lloró el día que Matt se enamoró de mí. Emily se rió tanto que tuvo que sentarse en el suelo.

Alejo levantó su copa.

— Por la chica que me quitó al playboy... y lo convirtió en un hombre enamorado.

Todos brindaron.

Y yo, con Matt abrazándome, supe que esta historia había valido la pena cada segundo.

El Playboy es mi HermanastroDonde viven las historias. Descúbrelo ahora