CAPÍTULO 12

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'Dormir en la misma casa que tu peor tentación'

Ally

La primera noche en aquella casa fue una de las más largas de mi vida.

No porque hiciera ruido.
No porque fuera incómoda.
Sino porque era demasiado silenciosa.

Cada crujido del suelo me hacía pensar que Matt estaba caminando por el pasillo. Cada sombra que se colaba por la ventana parecía esconder su figura. Y lo peor era que yo no quería que se fuera de mi cabeza.

Me giré en la cama por enésima vez, mirando el techo. La habitación era grande, bonita, con muebles nuevos y una ventana que daba al jardín. Cualquiera diría que debía sentirme afortunada.

Pero no me sentía en casa.

Me sentía atrapada.

Pensé en mi padre. En cómo había desaparecido sin una explicación. En cómo mi madre había reconstruido su vida a base de fuerza y silencios. Y ahora... estaba volviendo a empezar. Con otro hombre. Con otra familia.

¿Y yo?

Yo estaba en medio de un lugar que no pedí.

Me levanté y salí al pasillo. Descalza. En silencio.

No sé por qué terminé frente a la habitación de Matt.

No tenía intención de llamar.
De verdad que no.

Pero la puerta estaba entreabierta. Y dentro había luz.

—¿No puedes dormir? —su voz me sobresaltó.

—Solo... agua —mentí.

—Entra.

—No.

—No muerdo, ya te lo dije.

Entré.

Su habitación era distinta a la mía. Oscura. Caótica. Paredes con fotos, una guitarra en la esquina, ropa por todas partes. Y él sentado en la cama, con una camiseta vieja y el pelo revuelto.

—No pareces feliz —dijo.

—Tú tampoco.

Sonrió.

—No me gusta que las cosas cambien.

— A mí tampoco.

Nos miramos.

Y por un segundo... no éramos hermanastros.

Éramos dos personas rotas, intentando no caer.

—Deberíamos odiarnos —susurré.

—Sí —dijo—. Pero no puedo.

Y eso fue lo más peligroso que me había dicho jamás.

El Playboy es mi HermanastroDonde viven las historias. Descúbrelo ahora