CAPÍTULO 44

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'El amor cuando deja de esconderse'

Ally

Seis meses después

A veces me parecía imposible que solo hubiera pasado medio año desde aquella noche en la que mi madre me encontró en la habitación de Matt y todo se vino abajo. Porque la vida que tenía ahora no se parecía en nada a la que vivía entonces.

Ahora podía caminar a su lado por la Base Naval de Rota sin mirar por encima del hombro. Podía tomarle la mano en público. Podía reírme con él en la cafetería del colegio sin miedo a las miradas. Podía apoyarme en su hombro cuando estábamos cansados y sentir que ese gesto no era un secreto peligroso, sino algo natural.

Matt ya no era el chico que cambiaba de chica cada noche.

Ahora era el chico que me esperaba a la salida de clase con una sonrisa que solo era mía. El que me llevaba la mochila cuando estaba cargada. El que sabía cuándo necesitaba espacio y cuándo necesitaba un abrazo.

Y yo... yo ya no me sentía rota.

Felicidad y Thomas también habían cambiado.

No fue de un día para otro. Al principio había habido silencios incómodos, conversaciones a medias, miradas cargadas de preocupación. Pero poco a poco, habían empezado a ver lo que era imposible negar: Matt y yo nos queríamos de verdad.

No era un juego.
No era un capricho.
No era una rebeldía adolescente.

Era amor.

Y ese fin de semana lo demostraba todo.

Mis abuelos, Cacu y Frasquita, habían venido a pasar unos días con nosotros. Nada más llegar, la casa se llenó de risas, de voces altas, de ese caos familiar que solo ellos sabían traer.

— ¡Mira nada más qué grande estás, niña! —dijo Frasquita abrazándome—. Y qué feliz.

— Porque lo soy —respondí sin dudar.

Cacu, por su parte, estaba hablando animadamente con Thomas en el jardín, como si llevaran toda la vida conociéndose. Felicidad los miraba con una sonrisa suave, como si por fin todo encajara.

Ese día hicimos una barbacoa.

La mesa del jardín estaba llena de comida, de bebidas, de platos que pasaban de mano en mano. El sol caía lento, y el aire olía a carne asada y a verano.

Alejo estaba sentado junto a Emily, hablándole al oído y haciéndola reír. Ya no se escondían. Ya no tenían miedo. Eran simplemente ellos.

— Nunca pensé que te vería así —me dijo Cacu, mirándolos—. Tan tranquilo.

— Yo tampoco —sonreí—. Y Matt... tampoco es el mismo.

Matt estaba hablando con Thomas, riendo. Cuando me vio, se acercó sin pensarlo y me rodeó con el brazo.

— ¿Todo bien?

— Todo perfecto.

— Te quiero —dijo en voz baja, sin importarle quién escuchara.

— Yo también.

Frasquita observaba la escena con una sonrisa sabia.

— El amor siempre encuentra la forma —murmuró.

Y tenía razón.

Porque allí estábamos todos:
Thomas, enamorado de Felicidad.
Matt, enamorado de mí.
Alejo, enamorado de Emily.
Cacu, enamorado de Frasquita.

Y yo entendí que, aunque el camino había sido duro...
había valido la pena cada paso.

El Playboy es mi HermanastroDonde viven las historias. Descúbrelo ahora