'Cuando los adultos también se rompen'
Ally
El día después de que mi madre me encontrara en la habitación de Matt fue uno de los más largos de mi vida.
Nadie gritó durante el desayuno. Nadie discutió. Nadie fingió que todo estaba bien.
El silencio era tan pesado que parecía que podía romperse con solo respirar.
Felicidad no me miró ni una sola vez.
Thomas tampoco miró a Matt.
Emily y Alejo parecían dos extraños atrapados en una casa que ya no reconocían.
Yo me sentía culpable, pero también... enfadada.
No por haber sido descubierta.
Sino por haber sido tratada como si hubiera cometido un crimen.
— Esto no es normal —dijo mi madre finalmente, con voz dura—. No podéis seguir viéndoos así.
— No hicimos nada malo —murmuré.
— Dormiste en su cama.
— Dormí con él —la corregí—. No es lo mismo.
— ¡Es exactamente lo mismo!
Thomas golpeó la mesa.
— Basta. Esto tiene que terminar.
Matt levantó la mirada.
— No podéis decidir eso.
— Sí podemos —dijo Thomas—. Somos vuestros padres.
— No sois mis dueños —respondí, temblando.
La tensión podía cortarse.
Y entonces, como si el universo decidiera que aún no era suficiente... sonó el timbre.
Frasquita y Cacu estaban en la puerta.
Mi abuela llevaba una sonrisa enorme. Mi abuelo, como siempre, parecía haberlo visto todo antes de que ocurriera.
— Sorpresa —dijo Frasquita—. Hemos venido a ver a nuestra familia.
Si supieran.
Cuando entraron, bastaron cinco minutos para que notaran que algo iba mal.
— ¿Qué pasa aquí? —preguntó mi abuela.
Felicidad suspiró.
— Mamá...
— No me "mamées". Dime la verdad.
— Ally y Matt...
— ¿Qué pasa con ellos?
— Están juntos.
El silencio fue absoluto.
Cacu me miró.
— ¿Es verdad?
Asentí.
No me gritó. No me juzgó.
— Ven conmigo.
Me llevó al jardín.
— ¿Lo quieres?
— Sí.
— ¿De verdad?
— Sí.
— Entonces más te vale estar preparada para luchar.
Dentro, Frasquita miraba a Felicidad con los brazos cruzados.
— ¿De verdad estás castigando a tu hija por enamorarse?
— Es el hijo de mi marido.
— No por sangre.
— No importa.
— Claro que importa —dijo—. No puedes controlar el corazón de tu hija como si fuera una soldado más.
Felicidad se quedó en silencio.
Y por primera vez... alguien estaba de nuestro lado.
ESTÁS LEYENDO
El Playboy es mi Hermanastro
Romance- Eres insoportable.- le gritó. - E irresistible.- respondió con una sonrisa de autosuficiencia. - Lo que tu digas.- rodó los ojos. - Sabes que terminarás enamorada de mi.- volvió a sonreir. - ¿No te cansas de ser tan egocéntrico? - No. ...
