'Lo que pasa cuando ya no podemos fingir'
Ally
La noche después de aquella discusión en la cocina no dormí.
No porque tuviera miedo.
Sino porque estaba demasiado despierta por dentro.
Matt me había leído como un libro abierto, y lo peor era que no había hecho ningún esfuerzo por ser cruel. No se había burlado. No había jugado. Simplemente había dicho la verdad: que yo estaba enfadada conmigo misma por sentir lo que sentía por él.
Y sí.
Eso era exactamente.
Intenté convencerme de que era absurdo. De que solo era atracción. De que la convivencia nos había confundido. De que en cuanto mis padres volvieran todo volvería a la normalidad.
Pero mi cuerpo no estaba de acuerdo con mi cabeza.
Me levanté al amanecer y bajé a la cocina. El cielo estaba aún gris, la casa en silencio. Me preparé un café y me senté en la barra, mirando mi reflejo en la ventana. Parecía cansada. No por falta de sueño, sino por exceso de emociones.
—Madrugadora.
Su voz me sobresaltó.
Matt estaba en la puerta, despeinado, con una camiseta vieja y los ojos todavía pesados de sueño. Pero incluso así... seguía siendo Matt. Ese chico que entraba en una habitación y parecía llenarla entera.
—No podía dormir —dije.
—Yo tampoco.
Nos miramos durante unos segundos largos, incómodos.
—Sobre lo de ayer... —empezó.
—No.
—Ally...
—No quiero hablarlo.
—¿Por qué?
—Porque si lo hacemos vamos a decir cosas que no podemos retirar después.
Se acercó despacio, como si temiera que yo fuera a salir corriendo.
—Ya las estamos pensando.
Tenía razón.
El resto de la mañana fue extrañamente tranquila. Alejo y Emily no estaban. La casa era solo para nosotros dos, y esa intimidad involuntaria lo hacía todo más intenso. Cada vez que pasaba por mi lado sentía un cosquilleo. Cada vez que me miraba parecía que iba a decir algo que no debía.
Por la tarde, Emily me llamó.
—Oye, ¿te apetece venir esta noche? Lionel hace una fiesta.
—No sé...
—Ally, necesitas distraerte.
Miré a Matt, que estaba sentado en el sofá con el móvil.
—Vale —dije.
Y entonces cometí un error.
—¿Quieres venir? —le pregunté.
Levantó la vista lentamente.
—¿Estás segura?
—No —admití—. Pero tampoco quiero estar sola contigo en casa.
Sonrió de lado.
—Eso suena peligrosamente honesto.
La fiesta estaba llena. Música alta, luces de colores, gente de la Base y del instituto mezclada. Fiona estaba allí. Por supuesto que estaba allí.
Me vio nada más entrar con Matt y su expresión cambió.
—Hola, Matt —dijo, acercándose demasiado—. Pensé que no vendrías.
—No iba a hacerlo —respondió él—. Pero Ally quería.
Me miró.
—¿Desde cuándo te importa lo que quiere ella?
—Desde ahora.
Fiona me clavó la mirada como si quisiera atravesarme.
—Qué curioso —dijo—. Pensé que yo era la única especial.
—Ya no.
No sé si fue orgullo o rabia lo que sentí, pero algo dentro de mí se calentó.
Durante la noche bebí más de la cuenta. No porque quisiera emborracharme... sino porque quería dejar de pensar.
Matt me observaba desde lejos. Siempre pendiente. Siempre alerta.
En un momento me senté en el jardín, mareada. Él apareció a los pocos segundos.
—Has bebido demasiado.
—No me digas.
—Ven.
—No quiero.
—Ally...
—No quiero que me cuides —murmuré—. No tienes derecho.
—Sí lo tengo.
—¿Por qué?
Se agachó frente a mí.
—Porque me importas.
Y ya no pude fingir que no me afectaba.
Me apoyé contra su pecho, cerrando los ojos.
—Esto nos va a destrozar.
—Tal vez —susurró—. Pero ahora mismo no quiero que te alejes.
Y por primera vez...
yo tampoco.
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El Playboy es mi Hermanastro
Romance- Eres insoportable.- le gritó. - E irresistible.- respondió con una sonrisa de autosuficiencia. - Lo que tu digas.- rodó los ojos. - Sabes que terminarás enamorada de mi.- volvió a sonreir. - ¿No te cansas de ser tan egocéntrico? - No. ...
