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-¿Y cuando nos la vas a presentar?

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-¿Y cuando nos la vas a presentar?.- Los insistentes comentarios de la rubia ya lograban sacarlo de sus casillas, no podía aguantar más en ese lugar, desde que llegó solo habían hablado del hecho que eran pocos los encuentros en que el venía, era una mierda total, estaba aburrido y le dolían los nudillos, dejaría todo por saber donde estaría Uraraka ahora, no pudo verla por la tarde porque ya era demasiado tarde cuando se dio cuenta y era demasiado frustante recordar las debiles amenazas del cenizo el otro día.

Ya sabía a lo que había venido y era demasiado estúpido al creer que el podía convencerlo a ir por voluntad propia al infierno donde fue criado y aceptar toda la mierda que ellos querían, esos años fueron y serán los peores años de su vida, mentiría al decir que no maldecía la existencia del creador de esa organización a diario, porque ellos lo dejaron de la forma en que se encontraba ahora y perdía la oportunidad de acercarse a la persona que lo tenía loco sin una chaqueta o una hoodie, porque tenía el terrible miedo de que se espantara de todo su cuerpo y se marchará sin darle nisiquiera una oportunidad.

Ellos le cortaron sus alas para que jamás pudiera volar, para que jamás se le pasará algún pensamiento de querer ser libre o reclamar por la cabeza, porque el estaba atado a todo el karma de sus superiores y familiares, el se encontraba en un cuarto sin salida, sin comer, ver, sentir o solo el simple hecho de respirar, estaba encarcelado por la decisión que tomo de niño, cada gota de sangre que inundaba su cuerpo, cada memoria de su niñez, cada olor y sabor, le pertenecía al dueño del contrato.

El quiso escapar cuando se dio cuenta de que no era un simple juego para niños, lo que había firmado era temiblemente peligroso y lo aprendió a las malas, que todo a su alrededor contaminaba y desechaba toda inocencia y lo transformaba en una perra más, que cumple todos los caprichos de sus amos.

Cuando retomo conciencia ya era demasiado tarde, se encontraba siendo uno de los favoritos de toda la sucursal, el verdugo que no sentía lastima, el tercero al mando de todas la expansiones que se encontraban al poder del maligno, y de todos esos sobrenombres se encontraba encadenado.

Pero como todo niño todavía guardaba esa chispa de esperanza, de que todo saldría bien si encontraba a esa persona indicada que lo rescataria y lo sacaría de la miseria, como en los cuentos de hadas que contaba su mamá a escondidas para calmar los sollozos de su hermana, el sabía que eran mentira pero por dentro deseaba un feliz para siempre también.

Y esa chispa volvió a nacer cuando se la encontro a ella, la conocío en un mal momento, pero eso no le impedía conocerla mejor, una cosa llevo a la otra y acabo obsesionado y eso era la peor parte del cuento de su vida, porque no podía hacer nada, solo observar, verla triunfar después de todo el oscuro pasado que la carcomia, verla conocer gente nueva y que estos sean sus amigos, avanzar y superar.

Cosa que el nunca podra hacer, porqué solo era una sombra más, que ni tenía el derecho de respirar.

Bufó ante sus pensamientos y sólo se fue del lugar sin darle importancia a las preguntas de sus compañeros ya ebrios, maldijo cuándo aceptó la propuesta de ir a beber al pequeño apartamento de la rubia, pero se encontraba molesto y necesitaba profundamente un trago después de lo que ocurrió en la tarde. Empujó la puerta y salió del edificio dando pasos calmados, muy diferentes a cuando recién llegaba al lugar.

Flores ❁ Historias para obsesionarse. Descúbrelo ahora