Madness

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- Valentina - el gemido que salió desde lo más profundo de la garganta de Juliana contrasto tan fuertemente con el sonido de la lluvia golpeando los ventanales del departamento, siendo seguido por el sonido de un trueno rompiendo el silencio.

La castaña hizo caso omiso al sonido de su nombre y continuó recorriendo su piel a besos mientras una de sus piernas desnudas se colaba en medio de las de la mujer debajo de ella. La piel de Juliana era siempre tan suave y no importaba el número de veces que con anterioridad la hubiese recorrido, siempre encontraría algún pequeño lugar nuevo, habría un nuevo punto que le hiciera retorcerse contra ella, un nuevo lunar minúsculo entre su piel, una nueva peca en su espalda. Jamás había estado con nadie más en su vida y ambas se habían perfeccionado en el arte de amarse y de demostrarse con acciones, el amor que se tenían, las veces que fuesen necesarias, y esta ocasión no era la excepción.

Valentina estaba con la sábana sobre las caderas, mientras la mujer debajo de ella se retorcía insistente entre sus piernas. Los labios de la ojiazul abandonaron sus labios y bajaron hambrientos por el borde de su quijada, mientras una de sus manos subió arrastrándose por el cuerpo de la morena, alcanzando el pezón de la chica, mientras sus caderas se movieron apenas lo necesario para friccionar contra su centro, arrancándole al acto un nuevo gemido.

- Val por favor - la morena dijo en voz suplicante abriendo sus ojos para encontrarse con los azules que fueron iluminados por el resplandecer de un relámpago afuera de la habitación.

El corazón de Valentina se sintió estrujado en su pecho. No importaba las veces que ambas se hubiesen encontrado en la misma situación, incluso si tenía menos de una hora que fuese Valentina la que hubiera estado suplicando a Juliana que se la cogiera, siempre sentía que era un sueño del que nunca se quería despertar. La volvió a besar casi con furia y pasión, había tantas cosas que necesitaba grabarse con fuego en la memoria, el sabor de los besos de Juliana era uno de ellas, bajó su mano y sin perder contacto con sus labios, le penetró con sus dedos, retirándose en el momento justo en que sus dedos entraron en la mujer debajo de ella. Juliana era un poema, cada expresión de júbilo, de enojo, de frustración, de placer era algo tan inexplicablemente perfecto que hacía demasiado tiempo que Val había optado por memorizar, y definitivamente la expresión que tenia cuando se sentía llena por ella era de sus expresiones favoritas en el mundo.

- ¿Estás bien? - pregunto la castaña besando la comisura de sus labios recibiendo un asentimiento rápido, dándole espacio para continuar.

La ojiazul se recargó en su brazo izquierdo en el momento que comenzó a mover su mano entre las piernas de la morena, teniendo su pierna como apoyo para empujar y salir con mayor firmeza. El aliento caliente de Juliana golpeando su rostro aunado al incesante sonido de sus gemidos en su oído la estaban llevando al borde, odiaba cuando pasaba esto, odiaba la respuesta automática que su cuerpo tenía con su novia. La manera en cómo el simple hecho de sentirla entre sus dedos o rozando su piel la elevaba a un punto tan álgido donde le era posible tocar las estrellas con sus dedos. Como el sonido ahogado de sus gemidos la tomaba de la mano surcando mares de placer que nunca antes pensó siquiera que fuese posible, Juliana era demasiado, su cuerpo, su amor, era una locura. Le hacía tanto a su cuerpo sin siquiera saberlo.

Las manos de Juliana fueron con torpeza hasta la espalda de la ojiazul arañando la piel tersa y pálida bajo sus dedos, arrancando un gemido de Valentina que comenzó a penetrarla con más rapidez mientras el ardor de la espalda le recorría cada rincón de su cuerpo naciendo desde su espalda baja. El sudor hacía mucho tiempo les había cubierto el cuerpo finamente, Juliana repitió la acción y arrastró sus uñas por la espalda de Valentina, la cual estaba parada al borde de un precipicio y no quería saltar sola, siempre lo quería saltar de su mano. Usó su pulgar para acariciar el clítoris de su novia, moviéndose al ritmo de sus voraces embestidas , arrancando un gemido aún más profundo.

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