Después de saludarnos, caminamos hasta el coche de mi hermano. James se sentó en el asiento del copiloto, Lucas conducía y yo estaba agradablemente tumbada en todo el asiento trasero.
- Y bueno... ¿Saben algo de mamá? - Preguntó Lucas, con voz amarga.
- Llamó. Hará cosa de mes y medio. Dijo que.... Bueno. Ella estaba en California...- Dijo James, cada vez con voz más baja.
-Bueeeeeeeeeno hermanito.- dije yo. Intentando cambiar de tema. No me gustaba hablar de ella. Y menos de tu padre ¿no? Me recordó mi subconsciente.- ¿Qué tal tu vida? ¿A cuántas te has follado ya?-e dije con todo burlón ganando que Lucas se pusiera rojo.
-¡Mel! Cállate o juro que te haré cosquillas hasta que no puedas más enana.- Dijo Lucas, mirándome cómplice por el retrovisor.
Me callé. Las cosquillas son mi punto débil y diaj las odio.
Al cabo de media hora, llegamos a una gran casa.
-Mel, bájate. Tengo que hablar con Lucas. A SOLAS.- Dijo James, decidido. A saber de qué tienen que hablar.
Recogí mi maleta, y empecé a llevarla hacia la casa. Pero mi hermano la cogió y la dejó donde estaba.
- Ya la llevo yo, debilucha. -Dijo él, riéndose de mi. Jodido orangután.
- Orangután. -Dije yo, escapandome rápidamente dentro de la casa para que no me pillara. James me dijo que NOS quedaríamos unos meses con mi hermano. NOS, los dos. Yo y James.
Entré poco a poco a casa. ¿Y si me saltaba el vecino del frente con una tortilla? Realmente horroroso.
La casa era repente hermosa. Creo que me voy a casar con ella. En el exterior, era blanca. Totalmente blanca. Menos las ventanas. Que resaltaban con un tono grisáceo y el tejado, negro. A un lado, había un gran jardín verde, con dos gigantes árboles y una piscina en medio. Vale, definitivamente me caso contigo casa.
Al entrar, había un recibidor con un gran espejo con filos negros. Más adelante, había un gran comedor. Y cuando digo gran, es GRAN. El jodido era enorme. In gran sofá en medio. Y una televisión enorme enfrente. No faltaba una mesa con cuatro sillas negras, y un minibar al lado. Éste si que sabe, pensé.
Seguí caminando hacia la derecha, y allí se encontraba mi adorada cocina. Tengo hambre me repitió mi barriga. Cállate tengo que investigar le repliqué yo.
La cocina era inmensa. Perfecta para mi. Salí de la cocina y camine hacia la izquierda del comedor. Donde se encontraban las escaleras.
Y en las escaleras había un chico.
Un jodido chico
Un jodido ADONIS bajando las jodidas escaleras y vestido solo con una jodida toalla en la cadera.
Un
Adonis
Solo
Con
Una
Toalla
En
La
Cadera.
Subconsciente llamando a Mel ¿estás ahí? Creo que ha tenido un paro cardíaco a causa de un dios griego.
Creo que se me caía la baba. Y él se dió cuenta. Estoy segura. Por que estaba sonriendo. Estaba jodidamente sonriendo. Joder que sonrisa.
-¡Finn hijo de puta! ¡Devuélveme la jodida toalla o juro que te meteré la escoba por el culo!- gritó otro chico desde arriba. Gritó o rugió por que madre mía que voz tan bonita y fuerte.
El ta Finn bajó hasta quedarse a mi lado. Me sacaba una jodida cabeza y media, como Lucas. Jodidos orangutanes.
Entonces, el chico que había escuchado antes gritar bajó apresuradamente las escaleras. Alcé la vista y creo que morí por segunda vez en cinco minutos.
Este no era un dios griego.
¡ÉSTE ERA LA JODIDA PERFECCIÓN EN PERSONA!
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Una vez más.
Romance-¿Y si te dijera que soy diferente?- dijo Derek, acercándose cada vez más. -No lo eres, eres igual que todos.- le respondí, intentando que mi voz no se quebrara. -Pequeña, yo no te fallaré.- dijo, acortando más el poco espacio que nos separaba. -Per...
