03 - Shot me Twice 2 -

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–Yo ordeno –dijo fríamente el rubio ignorando el estado alterado de quien tenía dominado –tú obedeces y ejecutas. Así funciona lo nuestro.

Las pupilas de Hanma se contrajeron al oír eso. Podía ordenarle perfectamente ser su putita, y lo haría. Eso había pasado.

–Y ahora– le puso ambas manos en los muslos, separándoselos –abre las piernas.

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El moreno le sonrió deslizándose un poco por el frío mármol del lavabo, quedando en el borde para un mejor alcance.

Kisaki le deslizó las manos desde los glúteos hacia las rodillas, subiéndolas en el proceso. Por un segundo pareció verle los ojos ambarinos brillar.

–Espera –Hanma se reincorporó en el sitio, palpando a ciegas sobre los cajones del lavabo. Alzó las cejas al encontrarse finalmente con lo que buscaba. –Ten –dejó una pequeña botella roja justo al lado de la mano del rubio que se encontraba entre las piernas ajenas –Tómate tu tiempo.

Kisaki rodó los ojos y cogió la botellita. Comenzó a abrir la tapa y se fijó que ya estaba manchada de lubricante. El moreno volvió a acomodar la espalda contra el espejo.

–Supongo que es tu primera vez – subió el miembro hacia arriba, dejándole una vista limpia a su entrada.

El rubio vertió una pequeña cantidad en sus dedos, frotándolos suavemente. El fuerte olor del lubricante se le clavó en el cerebro, haciéndole soplar fuertemente por la nariz. Al darse cuenta de ello, el contrario rió en voz baja.

Le cogió la botella de las manos y puso una minúscula cantidad en su pulgar. Dejó la botella justo en el lavabo y le cogió la mandíbula a quien tenía de pie, presionándole el pulgar en la lengua.

Kisaki se revolvió ante la viscosa sensación del lubricante en la lengua. No sabía mal, solo sabía fuerte. A puro azúcar.

–Joder... –se limpió la lengua con el antebrazo y le dio un golpe en la parte interna del muslo, oyendo como se quejaba del picor. –No vuelvas a hacer eso.

Hanma le miró a los ojos acercándose a él mientras le acercaba desde la cadera con las manos.

–No te preocupes –aspiró suavemente el aire por su nariz pegado al cuello del rubio. –No lo volveré a hacer – acercó la cara del contrario a la suya sujetándolo por la nuca.– Deja que me encargue de ello.

El moreno se acercó a sus labios, lamiéndolos suavemente con la punta de la lengua.

Kisaki por su parte, al no poder huir de su contacto, le pegó un cabezazo.

–Déjate de mariconadas. Dije que nada de besos.

Hanma se sobó la frente molesto.

–Eres terriblemente cabezota –volvió a echar la espalda hacia atrás nuevamente, apoyándose en el espejo que ya empezaba a estar húmedo por el vapor de la ducha.– Eso me gusta –le sonrió de forma lasciva.

El moreno subió las piernas y las dejó semi abiertas mientras Kisaki empezaba a tantear su entrada.

–Venga... veamos que sabes hacer –se relamió los labios con la voz ronca por la excitación.

–Eres un maldito degenerado –le miró directamente a los ojos con una expresión fría.

–Yo no soy quien va a darme por culo–se burló.

Kisaki introdujo el primer dedo despacio, comprobando como la zona le ofrecía resistencia apretándose en exceso a su alrededor.

Hanma, por su parte, entrecerró un ojo por la extraña sensación. Se sentía completamente vulnerable en ese momento.

Ante la presión el dedo comenzó a quedársele dormido y lo retiró.

–Estás jodidamente tenso Hanma –llevó una mano a su cabello y tiró hacia atrás para poder verle desde arriba otra vez.

Aquel tirón provocó un gruñido grave justo antes de que sus ojos se encontraran.

–¿Tanto deseas que te folle?

Nuevamente aquel gesto del moreno se hizo ver. Entreabrió los labios respirando suavemente mientras notaba como se le iba a salir el corazón por la boca.

En aquel momento el miembro comenzó a erectarse. Pocas cosas ganaban más espacio en su podrida y cachonda mente que Kisaki. El dominarle con palabras le perdía completamente.

Soltó el cabello azabache y deslizó la mano desde su cuello hasta su pierna, trazando toda la espalda con las uñas, provocando un largo gemido ronco de su compañero.

Posó la mano en su miembro y lo acarició suavemente primero, para después comenzar a masturbarlo de forma marcada. Llevó la otra mano a su entrada, esta vez metiendo dos dedos, intentando corresponder la presión de igual forma.

Hanma se encontraba raro. Aquella extraña sensación debería provocarle placer, pero no lo hacía.

–Oye... –suspiró fuertemente por la nariz –lo estás haciendo mal –se rió.

Kisaki continuó el movimiento con los dedos, presionando la erección en el abdomen.

–Deja de reírte payaso.

Aquellas palabras hicieron eco en su cerebro. Le sujetó ambas manos y las separó de su cuerpo, apretando el agarre mientras se ponía de pie.

–¿Qué me has llamado?

Kisaki metió un poco la cabeza entre los hombros inconscientemente.

Le cogió del cuello y lo llevó contra la pared arrinconándole entre el pequeño espacio que había entre el váter y la bañera. No podía moverse.

–¿Qué... –bajó hasta ponerse a su altura– me has llamado? –sonrió incrédulo relamiéndose los labios.

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Ha sido un día productivo. Sí señor.

Joder como me duelen las tripas. El café de buena mañana no es bueno a no ser que quieras irte por la pata abajo.

Hanma to KisakiHistorias para obsesionarse. Descúbrelo ahora