La vida de los mellizos Lahey fue normal, tan normal como puede ser la vida de dos adolescentes con un padre abusivo, ambos podían pasar totalmente desapercibidos en la escuela, incluso podrían decir que en el pueblo, todo eso cambia cuando cosas ex...
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La jóven se encontraba caminando por el frío bosque a paso lento, vestía solo un pijama y llevaba los pies descalzos, detuvo sus paso al escuchar una voz diciendo "Cada vez falta menos", "Las cosas van a cambiar por completo", desde que tenía memoria, Rosaline había escuchado esa voz entré sueños, hasta la fecha no lograba entender a que se refiere con esas palabras, pero al final termino acostumbrándose.
Este tipo de sueños se presentaban desde hace un tiempo, como una rutina, camina por el bosque, escucha una voz que siempre repite lo mismo, encuentra una sombra de mujer, intenta acercarse y ¡BUM!, despierta.
Pero esta vez hubo algo diferente, dos tenues luces rojas aparecieron por entré las sombras haciendo que se confundiera, la mujer que veía antes ya no estaba.
En cuanto intentaba acercarse hacia donde estaba la criatura, nota que esta tenía la forma de un perro demasiado grande, se veía enojado, escucho como gruñía en su dirección y decidió correr, aunque sabiendo como eran la mayoría de los sueños, sabía que aunque sintiera que estaba alejándose, seguiría en el mismo lugar.
La rubia se giró a ver a la criatura que le seguía, se quedo estática al verlo gruñir nuevamente, sus ojos rojos observándola fijamente y acercándose más hacia ella mostrando sus grandes y afilados colmillos.
La jóven despertó de golpe con la respiración agitada llevándose la mano al pecho, sabía que no podía gritar o su padre o su hermano vendrían a ver lo que estaba pasando, personalmente le gusta manejar sola con sus problemas, especialmente las pesadillas, pensaba que su hermano ya tenía suficiente con todo lo del trabajo que su padre le daba.
Paso sus manos por su rostro dirigiendo su mirada hacia el reloj en su mesa de noche, el cual mostraba las 2:30 A.M., sabía que ahora le tomaría tiempo volver a dormir sin tomar aquellas pastillas que tanto odiaba.
Frustrada consigo misma, decidió despejar su mente de la mejor manera que conocía, tomo el lápiz y cuaderno que siempre estaban en el primer cajón de la mesa de noche y empezó a dibujar a la rara criatura que había visto en su sueño.
Era una criatura demasiado rara, parecía una especie de perro con grandes colmillos y ojos rojos brillantes, recordaba las muchas historias que su madre les contaba sobre cosas sobrenaturales, pero nunca les hablo de algo como esto.
Después de dibujar al perro de ojos rojos, empezó a escribir todo lo que había ocurrido en su sueño, estaba acostumbrada a escribir todo lo que soñaba, según la srta Morell, la terapeuta de la escuela a quién veía de vez en cuando, eso ayudaba.
Cuando terminó de escribir volvió la mirada hacia el reloj, apenas pasaron 30 minutos, de mala gana tomo el frasco que se encontraba al lado de la última foto donde se sentía realmente feliz, en la imagen aparecía junto a sus padres y sus hermanos, su hermano Isaac la enmarcó y se la dió cómo regaló en uno de sus cumpleaños, abrió el frasco para tomar una pastilla y el vaso de agua que siempre traía en las noches.