Introducción 2/2

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Introducción. Parte dos.

Léeme.

Edad: 8 años.

Cuatro años pasaron desde que se conocieron las familias Green y Doyle en un infortunado accidente, el cual reviven cada vez que se encuentran, ya que sus hijos más pequeños tienen un choque cada vez que se ven.

-¡Aléjate de mí! –se escuchó gritar a Halinor, hace unos días había cumplido los ocho  años, y como siempre, seis días antes, Edin también había cumplido esa edad.

-Solo quiero que te saques el pelo de la cara… ¿Porqué te molesta? –le replicó Edin, a un metro de distancia y preparado para atacar a la chica, claro que en alguien normal esa intención no es mala, después de todo solo es sacarse el pelo de la cara. Pero en Halinor, ese mechón de pelo es casi sagrado, ya que tapa la extraña diferencia de color entre su ojo izquierdo y el derecho.

-¿Cómo puede ser que se traten tan mal? Parece como si se odiaran. –dijo Gala mirando a los dos niños que se miraban mutuamente con odio en los ojos.

-No lo creo, en realidad pienso que se quieren mucho, pero que lo expresan de una forma algo rara… -respondió Lorena llevando los platos al comedor. -¡Edin, trae los tenedores de la cocina!

-¡Mamá! –Exclamó frustrado el chico al ser interrumpido -¡Ahora no!

-Ya estamos por comer, así que trae los tenedores. –Edin suspiró pesadamente y miró a Halinor anunciando la retirada, luego se dirigió a la cocina, pero en el camino se resbaló con un tapete y cayó al suelo. Su madre se le acercó rápidamente evaluando los daños.

-No vi el tapete… realmente no lo distinguí. –El tono en el que Edin dijo eso fue preocupantemente triste, poco después se largó a llorar. –Mamá… pensé que no pasaría, ¡Ya estoy curado! –gritó frustrado, Edin había tenido problemas con su vista ocasionados por un fuerte golpe, durante el lapso entre los cuatro y seis años perdió gradualmente la vista, y tras tratamientos la recuperó. El doctor no les había asegurado que estuviera completamente curado, ya que esto solo se podría con una cirugía, a la cual Lorena se negó de primera. Poco después entraron León y Uriah en la sala, y vieron a Lorena y Gala paradas al lado de Edin, que lloraba y chillaba enojado.

-¡Lorena! ¿Qué suce…? –la pregunta de León se vio interrumpida por una seña de su esposa, y el hombre vio detenidamente a su hijo, al moverse vio que en frente de él estaba arrodillada Halinor.

-Shh, deja de llorar Edin… Mira. –le susurró ella, Edin levantó la mirada y se encontró con el rostro serio de Halinor. –Si lloramos por todo lo que nos pasa somos tontos. –en ese momento corrió el mechón de pelo de la cara y le guiñó con el ojo derecho, un ojo azul verdoso que pocas veces se distingue a través del pelo de la chica. Luego señaló con su mano el susodicho ojo. -¿Puedes ver esto?

-Sí… –respondió con apenas más que un susurro.

-Entonces todo está bien, tú me ves y yo te veo, ellos nos ven y nosotros los vemos, no dejes que ese tapete tonto y feo te afecte. Ahora, si sigues llorando te pegaré, me gusta pegarte y me estoy conteniendo.

Claro, no podía faltar lo agresivo, ya que aunque pase el tiempo Edin y Halinor siempre se tratan así, aunque en el gesto haya cariño, también está ese típico comportamiento.

Unas semanas después, el tapete no era lo único que afectaba a Edin, si no que el doctor se sorprendió al ver que Edin perdía la vista de forma más rápida que antes, realmente rápido, y por ahora el niño tendría que usar anteojos.

Los ojos del ArtistaDonde viven las historias. Descúbrelo ahora