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El sonido de los tacones de Jennie retumbar sobre el piso de madera era sepulcral dentro de la gran mansión en donde se entraba, cruzó el pasillo principal pasando debajo de un enorme candelabro de cristal, la oscuridad era inminente en la gran casa, muy apenas si se podían apreciar los enormes cuadros que adornaban la lujosa propiedad, pero aunque el ambiente parecía tétrico y sombrío, para Lisa era mejor estar ahí que en su viejo cuarto donde el gerente podía hacerle daño, bueno, al menos eso pensaba al principio.

Lisa entró a la casa, no podía ver nada, eran apenas si las 5 de la mañana, el sol aún no salía, se quitó los tacones y caminó por el recibidor de la casa, intentó mirar para no caer, pero se detuvo cuando vio a una surcoreana con su mirada encima de ella que estaba parada justo en el centro esperándola con una cálida sonrisa. 

Jennie jamás lo esperó, apenas si iba a decir una palabra cuando de repente Lisa se lanzó a sus brazos y se echó a llorar en su pecho.

La maquillista no supo cómo reaccionar en ése momento, por una parte sonreía por sentir el cálido cuerpo de la tailandesa encima de ella, que estuvieran ahora a solas en esa gran mansión en lo mejor que podía desear, pero, por otro lado le estremecía escuchar el llanto de Lisa en su pecho, no soportaba la idea de que la pobre e inocente modelo haya tenido que soportar acoso y pasado un susto sin que ella pudiera darle su merecido a cualquiera que le hiciera daño. 

Así que sólo se limitó a rodear su cuerpo como si fuera una figura de cristal, se concentró el el perfume de la tailandesa, su hermoso cabello que se esparcía por su espalda, además del calor que su cuerpo desprendía, nada era tan exquisito como un abrazo de la tailandesa.

Minutos más tarde, la maquillista le había ofrecido a Lisa una lujosa habitación, tenía una enorme ventana con cortinas blancas que se meneaban por la brisa, un sillón antiguo frente a una enorme cama al estilo victoriano, un espejo de cuerpo completo a un lado y al otro lado un baño.

Jennie estaba sentada en aquel sillón extendiendo sus piernas de forma provocativa, tarareaba una canción mientras escuchaba el sonido de la regadera desde el interior del baño. Pronto, el sonido paró, ella se incorporó un poco curiosa y notó que la puerta estaba semi-abierta. 

Sólo el vapor del baño salía de la abertura y la luz blanca.

Llena de curiosidad se levantó de aquel sillón y caminó sigilosa hacia el baño, se asomó por la abertura de la puerta y entonces se sobresaltó al ver a la tailandesa salir de la ducha.

La rubia tenía su cabello mojado, las gotas caían por su cuerpo desnudo, Lalisa Manoban era muy alta, y tenía unas hermosas piernas largas, sus caderas hacía que su cintura se viera más pequeña, su trasero era firme y perfecto junto a los hoyuelos de venus que se dibujaban al inicio de su cintura, su espalda era amplia y pálida, tenía un dorso perfecto como si fuese una escultura de mármol tallada a mano.

Jennie se mordió los labios para evitar que un gemido saliera de su boca, cuando vio a Lisa inclinarse por una toalla y que uno de sus senos se asomaran cuando levantó su brazo, eran perfectamente hermosos, se veían tiernos y sus pezones eran rosados y erectos. 

La respiración le estaba fallando, la pobre maquillista había humedecido sus bragas, su boca se lubricó repentinamente mientras sus pupilas se dilataban hambrientas de lanzarse hacia la tailandesa, sin embargo, volvió en sí, se contuvo y cerró la puerta, para luego irse de la habitación, caminar hacia un espejo y empezar a arreglarse.

Se maquilló muy bien el rostro, delineó sus ojos de modo que ahora se veían más gatunos, colocó un brillo en el rabillo del ojo y achinó sus pestañas, luego se colocó un labial rojo, dejó su cabello extendido por su cuerpo y se vistió con un vestido sencillo de una sola pieza de color rojo, sonrió al espejo al ver el resultado.

EL DEMONIO DE NEÓN - JENLISADonde viven las historias. Descúbrelo ahora