Jake.
— ¿Estás seguro de esto? —cuestionó Connor.
—No tienes idea desde ha cuanto lo ansío —dije con firmeza, jalándolo del cuello de su suéter de rayas negras y blancas.
La piel de sus labios era muy suave, sintiéndose de maravilla cuando los suyos hacían contacto con los míos, moviéndose de forma rítmica, ansiosa y sincronizada, devorándonos de a poco.
Yo estaba debajo de él.
Aventuré mis manos por debajo de su suéter encontrándome con la calidez de su temperatura corporal una vez que mis dedos hicieron contacto con su espalda. Segundos después Connor se quitó el suéter por sobre su camisa, por lo que le eché un vistazo su torso desnudo y lamí mi labio inferior.
¿Todo eso me iba a comer?
Aunque ya había visto incontables veces a Connor sin camisa nunca lo había hecho en un contexto como en el que estábamos en ese momento.
Pude sentir lo duro que él estaba por sobre su jean una vez que volvió a besarme, frotando su entrepierna con la mía por encima de nuestra ropa. Llevé mi mano derecha a su nuca y la izquierda a la zona baja de su espalda mientras nos besábamos.
Connor comenzó a mover sus caderas hacia adelante y atrás, frotando nuestras entrepiernas por encima de nuestros pantalones. Sentir la fricción —un tanto indirecta dado a que estábamos vestidos—, solo me ponía más caliente.
Saber que Connor estaba duro por mí me hacía preguntarme hasta dónde llegarían las cosas.
Él quitó mi camisa y comenzó a besar mi cuello. Desabroché con ambas manos el cinturón de Connor, desabotoné su jean y bajé su bragueta, aventurando mi mano dentro su bóxer, mordiendo mi labio inferior una vez lo tuve en mis manos.
Se sentía tan bien tocar su dura, caliente, y gran entrepierna sin nada que se interpusiera.
— ¿Estás seguro de que esto es lo que quieres? —preguntó, mirándome a los ojos.
— ¿Por qué tantas preguntas? —cuestioné—. Ya te he dejado en claro que es lo que quiero.
Connor pasó una almohada frente a mi rostro.
—Cariño, pero si a ti no te gusta el hígado —dijo mi madre, trayéndome de vuelta a la realidad.
Sí, desgraciadamente estaba soñando despierto.
La "almohada" que Connor había pasado frente a mis ojos era nada más y nada menos que su propio teléfono, pues le estaba mostrando alguna cosa a mi madre en él. Tenía mi celular en mi mano derecha con el menú del restaurante abierto, mientras que con la izquierda estaba —de forma inconsciente—, agarrándome la entrepierna.
Pésimo momento para tener una dura erección.
—Disculpa mamá, tenía la cabeza en otra parte —me excusé—. Creo que pediré una parrilla mar y tierra con papas a la francesa y ensalada cesar —añadí, viendo el menú.
—Yo pediré una pasta carbonara —dijo Connor.
Eran las ocho y quince minutos de la noche del jueves.
Me encontraba con Connor y mis padres en Lake View, un restaurante que estaba literalmente sobre el Lago Pine Falls, que quedaba apenas un kilómetro luego del muelle del lago.
