"La muerte es sólo el comienzo de algo nuevo. Desgraciadamente, no hay nadie para advertirnos de lo que está por llegar"
El sol había desaparecido de la vista de todos, y lo único que quedaba era el abrigo de la noche. El carruaje seguía con su movimiento constante, y los guardias también acompañaban a la velocidad del carruaje. La pareja al interior del carruaje ya habían terminado de hacer lo que habían empezado de hacer nada más salir de la catedral. No fueron pocos los guardias que echaban una mirada al interior del carruaje para obtener un poco de entretenimiento
-"Espero que cuando lleguemos no nos encontremos con una princesa partida a la mitad, ¿verdad Macson?...Oye, ¿Dónde está Macson?"
Preguntó un guardia que iba en el exterior, mirando a sus alrededores buscando por uno de sus compañeros. El resto de sus compañeros estaban ligeramente distraídos intentando ver de reojo lo que ocurría dentro del carruaje, por lo que no le dieron mucha importancia
Cuando ambos "príncipes" finalmente terminaron, el príncipe respiró hondamente, quizás la herida que el "hermano" de Lys le había reducido la resistencia, ¿acaso iba a terminar como su padre? ¿Peleando contra un elfo de la familia real, y quedando dañado de por vida? Eso ahora mismo no le importaba. Tras un ligero momento de descanso, se acercó a su esposa, y le dio un pequeño beso en la frente
-"¿Ves como te dije que sería divertido? Deben quedar unas pocas horas para llegar al palacio....Quizás podamos repetir una vez lleguemos"
Sugirió mirando por la ventana, observando el paisaje buscando un punto de referencia para saber cuanto faltaba, pero la temperatura tan baja dificultaba la vista fuera del carruaje.
La chica recibió el beso de forma completamente agradecida. Se vistió como pudo con la poca tela que quedaba sin rasgar, la cual no era mucha. El vestido se había hecho pedazos y podía cubrirse las piernas sólo a medias, puesto que se le seguían viendo. Pidió al cochero que parasen, pues mirando a la ventana había visto algo que había despertado su interés. La condensación de sus alientos apenas permitía ver, y sin embargo, ella pudo divisar un tipo de plantas algo interesantes. En Armestis había gran cantidad de fauna y vegetación diferente a la de Alven, y se sentía como una depredadora en un nuevo habitad que debía explorar para poder tomar el control del lugar. Es por eso que le pidió a Erik que le ordenase al conductor que detuviese el carruaje.
Era de esperar que el cochero se detuviese, sin embargo, la frenada fue demasiado lenta, como si un coche que iba a gran velocidad hubiese perdido a un conductor que le diera al acelerador, pero que no pisase el freno.
-"¡Cochero! ¡Detén el carruaje!"
Gritó mientras se seguía vistiendo y sin tan poco importarle mucho. Miró por la ventana, y notó que no se detenían. Abrió la ventana y para llamar a algún guardia que le ordenase al cochero que frenara
-"¡Guardias! ¡Que alguien le diga al sordo del conduc- ¿Hmm?"
Miró alrededor, y notó la falta de guardias. No es como los necesitase, el era capaz de protegerse a sí mismo, pero era muy extraño que no estuviesen. Pues solo quedaban los caballos que se empezaban a dispersar sin un jinete que les guiasen.
Entonces sus ojos empezaron a brillar y dirigió su mirada hacia donde debería estar el conductor, encontrando nada
-"No puede ser, ¿Qué demonios?"
Rompiendo unos tablones del suelo del carruaje, sacó su martillo que llevaba oculto. Debido al tamaño, los únicos puntos de apoyo que quedaron fueron los propios asientos.
