Sábado 4/12/2021
Comisaría de Marbella- 4:40 a.m.
La puerta volvió a abrirse tras varias horas, pero esta vez me encontré con la mirada calmada del comisario Samuel de nuevo, en vez de con los furiosos ojos de la comandante Olivia. Menos mal.
―Buenas noches Harper―comenzó a hablar mientras se sentaba tranquilamente en la silla que había situada al otro lado de la mesa―. Siento tener que mantenerte en estas condiciones pero tengo órdenes de seguir el protocolo―terminó de hablar apoyando las manos entrecruzadas sobre la mesa.
―¿Órdenes de Olivia?―pregunté con ironía―Cómo no. Siempre quiere tener el control de todo―dije cansada―. Mire agente, comprendo la situación, pero soy inocente y tengo pruebas de ello.
Todo el tiempo que había estado sentada en esta fría sala me había dado qué pensar. Tenía mi historial médico y quizás grabaciones que demostraban lo que había ocurrido realmente. Lo que no sabía era si meter a John en todo esto o si debía mantenerme callada, pues él era una especie de as bajo la manga en todo esto.
¿Pero de verdad debía jugar todas mis cartas ahora?
―Pues estaría encantado de que me las mostraras―dijo mientras me observaba detenidamente.
Estaba claro que no se fiaba de mí aún y eso debía cambiar si quería salir de allí sana y salva.
―Verá es que... El problema es que no recuerdo mucho de lo que ha ocurrido, pero si quiere investigarme debería darle importancia a mi historial médico.
―¿Su historial médico?―preguntó con el ceño fruncido y seguidamente sacó unos papeles doblados de su bolsillo del pantalón.
―¿Qué es eso?―pregunté al ver que al desdoblarlos me los mostraba.
―Su historial médico. De eso quería hablar con usted, parece ser que recientemente alguien ha borrado su historial completamente. En la sanidad actualmente no consta que fuiste en ningún momento de tu vida al médico ni has tenido nunca que tomar ninguna medicación de ningún tipo. ¿Cómo lo has hecho? Se supone que la plataforma está protegida.
Mi cara palideció y él debió notarlo porque frunció el ceño aún más confundido que yo.
―Su historial médico ha sido borrado y los testigos están inculpándola. No hay mucho a su favor―añadió al ver que era incapaz de responder.
―¿No crees que esto es señal suficiente de que hay alguien inculpándome? ¿Para qué iba yo a borrar mi propio historial médico? No tiene sentido. Yo no he borrado mi historial―comencé a hablar apresuradamente, pero cerré la boca de golpe. Debía pensar en algo. Rápido.
―¿Quién era su hermana?―me preguntó Samuel con calma y yo lo miré sorprendida, pero me obligué a no derrumbarme allí mismo.
―¿H-ha testificado John?―pregunté entrecortadamente incapaz de responder a su pregunta.
John conocía la existencia de Hayley, si él le había hablado de ella a la policía me creerán. Sabrán que soy inocente. La excusa del historial médico ya no era una opción. Alguien se me había adelantado, así que John era mi única esperanza.
―No puedo darle esa información―dijo con tristeza el comisario y yo me temí lo peor.
―¿Está bien? Samuel, por favor―le rogué tratando de acercarme a él sobre la mesa.
―No puedo decirte nada sobre lo que ha pasado fuera de estas cuatro paredes, lo lamento. No tienes permitido relacionarte con nadie que no seamos policías cualificados o tu abogado. Parte del protocolo―añadió mirándome con el ceño fruncido.
―¿Está vivo? Solo dime eso. No me dejes así―dije con un hilo de voz, pero llena de incertidumbre.
Dudaba. La duda estaba presente en sus ojos. La duda y la incertidumbre. Seguro que había cosas que no le cuadraban, porque mi actitud no era como la de otros delincuentes.
―¿De verdad no recuerdas nada?―preguntó a lo que solo pude negar con la cabeza―¿No recuerdas nada de lo que has hecho?
No había respondido a mi pregunta.
―Desperté con las manos llenas de sangre―sollocé con lágrimas en los ojos al recordarlo―. De veras que no recuerdo más que eso―mentí.
Mentiras, mentiras y más mentiras. Claro que recordaba cosas, pero no podía admitirlas delante de la policía. Recordaba el plan, recordaba el lujoso lugar donde ocurrió todo y recordaba la mirada tranquilizadora de John. Dios mío, John.
―Acompáñame―dijo tras un suspiro―. Te acompañaré hasta el baño para que puedas limpiarte y cambiarte de ropa.
Simplemente asentí con la cabeza y lo seguí incapaz de murmurar un "gracias". Me quitó las esposas y me dejó sola en el baño que se encontraba en el otro extremo del pasillo.
Mi rostro en el espejo me dejó atónita. Tenía el pelo rosa revuelto y enredado. El maquillaje que tanto me había esmerado en que quedara perfecto era todo un desastre y mi vestido blanco estaba rajado y lleno de manchas de sangre carmesí.
Entonces las lágrimas se derramaron por mis mejillas mientras me derrumbaba, porque lo único que esperaba era que John no hubiera muerto.
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Harper Hayley.
Fiksyen RemajaA veces el destino te juega malas pasadas y el futuro puede dar un giro de ciento ochenta grados para continuar en dirección contraria a tus principios. Eso, al menos, es lo que me ocurre a mí. Solo vine a esta ciudad en busca de una nueva vida. Una...
