Viernes 2/12/2015.
California- 9:00 p.m.
Junté los labios y los separé para comprobar el resultado del pintalabios rojo carmesí en el espejo que había enfrente de mí. Mi rostro no parecía el mismo que hace unas horas. Los moratones habían desaparecido y el maquillaje de mis ojos hacía que pareciera recién sacada de una revista.
―Haces magia con el maquillaje―admití en voz alta y miré a mi amiga―. No me queda tan mal el rojo.
―¿Ves como tienes que hacerme caso más a menudo?―sonrió Mia con orgullo.
―Supongo que tienes razón―murmuré volviendo mi mirada a mi reflejo en el espejo.
―Lo próximo que tienes que hacer es teñirte el pelo o quizás hacerte otro pendiente―dijo animada mientras guardaba todo su arsenal de maquillaje.
―Creo que mis orejas están bien como están. Sigo sin saber por qué un cambio de look hará que me sienta mejor...
―Harper, cariño. Necesitas despejarte después de lo que ha pasado esta mañana. Tienes que salir a que te de aire fresco, a relajarte y a beber algo de alcohol―comentó con tranquilidad.
―No pienso beber ni una gota, ya lo sabes―la interrumpí antes de que siguiera hablando, a lo que ella respondió rodando los ojos.
―El caso es que no puedes ir por ahí con la cara amoratada y en pijama. Además, te ves guapísima―sonrió de nuevo poniéndose detrás de mí para mirarme a través del espejo.
Mia había sido mi mejor amiga después del accidente de mi hermana y me había acompañado en las buenas y en las malas. Siempre trataba de demostrarme que aunque te pasaran cosas malas podrías ser feliz, cosa que entendía a la perfección pero a veces simplemente necesitaba tirarme en la cama a llorar. Como ahora mismo.
―Alegra esa cara y levántate. Los demás me han dicho que están llegando. No querrás llegar tarde a casa de Mike.
Suspiré levantándome para coger mi bolso y salir de su casa sin hacer ruido. Le había dicho a mi padre que pasaría la noche en casa de Mia. Él la conocía y deducía que era una chica responsable gracias a sus buenas calificaciones en el instituto, pero la realidad era que ella era un alma libre. Nadie le decía que podía o no hacer y le gustaba la vida nocturna más que a nadie a pesar de tener solamente dieciséis años.
En unos minutos estábamos frente a la gigantesca casa de Mike. Sus padres eran jefes de una aerolínea y siempre estaban de viaje haciendo negocios. Así que Mike y su hermano mayor tenían la casa sola casi siempre, o eso es lo que me había contado Mia mientras caminábamos hacía la entrada de la casa y llamábamos al timbre.
―Buenas noches, señoritas―sonrió de medio lado un chico tras la puerta.
―Mike―saludó Mia con una sonrisa traviesa.
Pasé la mirada de uno a otro y entonces comprendí porqué estaba yo allí. Mia, una chica rubia, de estatura media y atrevida. Mike, un chico de pelo azabache, ojos oscuros y mirada pícara. Mia quería venir para ligar con él, de eso no cabía duda.
―Tú debes ser Harper, un placer―dijo Mike paseando su mirada de mis pies a mi cabeza.
"Ten cuidado, no me da confianza este lugar."
―Encantada―sonreí tímidamente ignorando la voz de Hayley de mi interior.
―Pasad, los demás ya están dentro―comentó Mike apartándose de la puerta para dejarnos pasar.
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Harper Hayley.
Teen FictionA veces el destino te juega malas pasadas y el futuro puede dar un giro de ciento ochenta grados para continuar en dirección contraria a tus principios. Eso, al menos, es lo que me ocurre a mí. Solo vine a esta ciudad en busca de una nueva vida. Una...
