Cartas. Secretos. Magia.
Todo conectado por hilos invisibles, todo sin una relación aparente. Pero en los rincones más profundos de la academia, había quienes lo sabían. Era una mañana soleada, perfecta para una búsqueda. Adhara, apenas despertando, se revolvió en la cama. El recuerdo de la noche anterior, y las palabras del profesor, aún resonaban en su mente. Se giró hacia el costado y se encontró con los ojos de Rae, abiertos de par en par, fijos en ella.
Adhara ahogó un grito.
"Chadburn quiere hablar contigo, con De'Ath y con Gastrell", soltó Rae, atropellando las palabras.
"Buenos días a ti también, Rae", dijo Adhara con un tono sarcástico, "gracias por desearme suerte en el proyecto".
"Lo siento. El viejo me abordó anoche y me asusté, creí que estaba en problemas".
"¿En problemas? ¿Exactamente por qué?"
"Quizás Arinna y yo estuvimos jugando con nuestra magia". Rae desvió la mirada, con una mueca de culpabilidad. "En fin, suerte con el proyecto y avísale a tu amiga".
Adhara asintió. Se vistió como todos los días, eligiendo un vestido amarillo con un listón a juego para su cabello. Salió de la habitación y se dirigió al salón de clase. En la puerta, Darien la esperaba.
"¿Las leíste?", le preguntó Adhara, refiriéndose a las tarjetas.
"Sí. ¿Lista?".
"Lista", asintió ella.
El profesor, con su solemnidad habitual, pasaba por cada mesa. En sus manos, un trozo de carne de un animal que nunca mencionaba, consciente de lo sensible que era el tema para los seres feéricos.
"Bien", anunció. "Lo que voy a evaluar es la cantidad de fibras musculares que su veneno destruye y la velocidad. Después, y asumo que todos fueron lo bastante sensatos como para crear un antídoto, evaluaré la efectividad de este. Si funciona y en qué velocidad es capaz de sanar, les dará puntos extra".
Adhara y Darien estaban en la tercera mesa de la última fila, los penúltimos en ser evaluados. Mientras el momento llegaba, se dedicaron a observar los venenos de sus compañeros. Algunos eran buenos, quemaban, derretían y cambiaban de color, pero los antídotos no eran tan efectivos. La mayoría apenas curaba la mitad del daño causado. Sin embargo, nadie parecía muy preocupado; al fin y al cabo, solo eran puntos extra.
Finalmente, les llegó el turno. Adhara sacó una pequeña botella con un líquido transparente. Si todo salía como lo había planeado, la carne comenzaría a burbujear hasta convertirse en una sola burbuja que, al explotar, dejaría un agujero perfecto.
Y así fue. Todo salió exactamente como lo había imaginado. La carne se disolvió en un estallido de burbujas, dejando un hoyo limpio y preciso. El profesor, aunque visiblemente impresionado, intentó disimularlo.
"¿Cuentan con un antídoto?".
Adhara se apresuró a sacar la otra botella, pero por debajo de la mesa, Darien la detuvo. En su mano, un pequeño frasco con otro líquido. Ella decidió confiar. Él era el mejor para los remedios, y las tarjetas que le había dado la noche anterior, repletas de pistas, debieron haberle dado las respuestas. Pero, ¿cómo lo había hecho en una sola noche? ¿Y solo con plantas? Adhara rezaba para que no hubiera usado magia, ya que por ello les quitarían puntos.
Darien vertió unas gotas alrededor del círculo de carne. En dos segundos, la herida empezó a cerrarse. En quince, el agujero se había regenerado por completo, dejando la carne intacta.
"Excelente. Ahora, explíquenme las propiedades de ambos líquidos", dijo el profesor.
Adhara describió cada una de las plantas que había usado, el tratamiento que les había dado y cómo todo estaba diluido en alcohol. El profesor soltó una carcajada. Alcohol, la sustancia más simple después del agua, mezclada con plantas comunes, había creado un veneno tan poderoso.
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M'ai Aidez
FantasyLos humanos se han extinto. Las criaturas mágicas han podido crear un nuevo mundo, separados por sellos que indican el origen de su magia que deben entrenar en una academia. Una carta, una desaparición, amistad y amor inesperado. [EN PROCESO] [EN...
