Ese miércoles, tal como vaticinaba el pronóstico del tiempo, había amanecido lloviendo. Y es que una Semana Santa sin lluvia era prácticamente un milagro. Luisita, después de dos años, lo sabía y los sevillanos lo tenían asumido.
Aún así, no dejaba de molestar. A los sevillanos porque les estropeaba una de las semanas más importantes de la ciudad y a Luisita porque no tenía ninguna excusa para quedar con Amelia.
Después del día de ayer, que se terminó de forma bastante intensa, no habían hecho ningún plan. El camino de vuelta a casa lo hicieron perdidas en sus pensamientos; la última conversación las había dejado tocadas y planteándose la forma en la que entendían el amor.
Luisita le contó a Amelia que se esperaba lluvia en los próximos días y que no podrían hacer turismo, pero a la morena no pareció disgustarle en absoluto, porque no estaba segura de si quedarse o volverse a Madrid. Luisita le pidió que se lo avisara, al menos para poder despedirse
Resopló agobiada, recordándolo.
No sabía que quería de Amelia, lo único que tenía claro era que no quería rallarse con ella y era algo que ya estaba haciendo. Desde que se despidieran anoche, no había podido sacársela de la cabeza.
Y, por una parte, Luisita deseaba que se hubiera ido para no tener que pensar más en ella, pero por otra... le decepcionaría que lo hubiera hecho sin avisarle ni darle la oportunidad de despedirse.
Quedó con Marina para tomar café esa misma tarde y planificar el fin de semana. Su amiga le había propuesto pasarlo en su casa de la playa hacía ya unas semanas y Luisita había aceptado, pero el plan se le había olvidado por completo con la aparición de Amelia en escena.
—¿Crees que nos bañaremos?
—Bueno, estamos a principios de abril... Con un poco de suerte, me mojo los pies —respondió su amiga con una mueca.
—No se puede ser tan de secano, Marina.
—¿Qué te pasa? —preguntó su amiga al ver que apenas le prestaba atención y no dejaba de mirar el móvil.
—Nada.
Intentó disimular y centrarse en la lista de la compra, dejando de pensar en Amelia y en si estaría ya en Madrid. Seguramente la de rizos se había cansado ya de ella, tampoco tenía por qué darle explicaciones de cada cosa que hacía.
Después de un rato intentando concentrarse, se dio por vencida y volvió su atención al móvil, pero esta vez su humor cambió al ver el mensaje que acababa de llegarle.
*Amelia*
Creía que si llovía no salían cofradías
*Luisita*
Y no salen
*Amelia*
Pues he subido al piso y me he encontrado a un nazareno en el portal y por poco no me da un paro cardiaco
*Luisita*
😂😂😂😂😂
—¿Y esa risa? —quiso saber Marina al ver a su amiga reír mirando la pantalla del móvil.
Luisita no había podido evitarlo. Suponía que esa imagen no era apta para todos los corazones e imaginar la reacción de Amelia la había hecho reír.
—Nada, una amiga que es de fuera y le flipa todo lo que tiene que ver con la Semana Santa.
—Como a ti cuando llegaste —señaló Marina.
